De mascota a semental

Chelo Lago consuelo.lago@lavoz.es

PONTEVEDRA

Hace unos 14 meses que a José Manuel Fontenla y a su esposa, Laura, le regalaron como curiosa mascota un cerdo vietnamita macho, un animal pequeño, de poco más de dos kilos, y pelo oscuro, del que se enamoraron a primera vista. Se lo habían dado a la suegra de José Manuel, que se lo pasó a ellos, y le pusieron el nombre de Fustry. El animal venía de Ferrol y según su dueño, que cría gallinas y palomas de raza, «era como un cerdo en miniatura, muy espabilado y muy gracioso, era como un juguete». Pero el pequeño fue creciendo, y según engordaba, también empezaron a crecer los problemas. A pesar de que cuidaban su alimentación, a base de pienso para cerdos, trigo y maíz, todo dosificado, de los 2,5 kilos que pesaba cuando lo recogieron, últimamente se acercaba a los 50, con una panza que casi le arrastraba por el suelo. Y empezó a ser un problema «más que nada por el espacio que necesitaba y por el daño que hacía, porque lo revolvía todo con el hocico y manchaba muchísimo», reconoce su dueño. Últimamente, incluso se le daba por meter toda la porquería en el bebedero, «que teníamos que estar limpiando constantemente».

En vista de que se les hacía muy difícil mantenerlo en su casa del barrio de O Burgo, empezaron a pensar en deshacerse de la mascota Fustry. Tenían claro que no querían sacrificarla, como le aconsejaban algunos amigos. «Eso era impensable -comenta José Manuel Fontenla-, no seríamos capaces de hacerlo, ni de regalarlo para que otros lo mataran y lo comieran. Lo habíamos criado con mucho cariño y no lo podíamos consentir». Entonces se les ocurrió la idea de poner un anuncio en este periódico para regalarlo, siempre que su destino final no fuera el sacrificio. Y enseguida empezaron a llamarlos interesándose por el animal, que ahora está en Cesures, «con unos chicos que comentaron que tenían dos hembras y querían criar». Sin duda, el mejor final para Fustry que tendrá que hacer de semental.

Otro que se dedica a criar cerdos vietnamitas, aunque como hoby, es Lucas Porto, que tiene en una granja en San Vicente de Cerponzóns, un par de parejas de esa especia llegadas de Lisboa hace unos 7 años. Ahora mismo tiene ocho crías para vender. «Las crías nacen tras cuatro meses y medio de gestación y hay que dejarlas con la madre para que las alimente durante un mes, antes de venderlas», comenta. Jardinero de profesión, a sus 21 años tiene la granja como hoby, pues considera que no se puede vivir de eso, aunque cuando vende algo es una ayuda para la economía familiar. Enamorado de los animales, en la finca de la casa de sus padres, donde vive, tiene varios perros y además de los cerdos vietnamitas, cría cobayas y faisanes. También tiene un ejemplar de cabra enana al que busca pareja. Considera que los cerdos vietnamitas pueden convivir sin problemas con cualquier tipo de animales y alaba su docilidad y limpieza. Si quieren una cría, su precio ronda los 100 euros.