El ex director de Magisterio recuerda a Emilio Pérez Touriño como vecino, pero no jugando en pandilla en la calle
19 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Elena Larriba Hoy reside en una de las zonas de la ciudad más nuevas y dicen que mejor diseñadas urbanísticamente, el polígono de Campolongo. Pero su antiguo barrio es A Eiriña, en el que pasó su infancia y juventud hasta finales de los sesenta y al que su familia sigue vinculada.
José María Gil empieza por recordar, a modo de homenaje, a uno de sus vecinos más veteranos, recientemente fallecido, el platero Enrique Fariña, que contribuyó a que el recuerdo de A Eiriña perdure y forme parte de la pequeña historia de la ciudad. Este conocido pontevedrés, presidente de la Peña da Boina, recopiló en un libro a sus convecinos desde 1930, con profusión de datos y fotografías antiguas de más de doscientas familias y personajes de aquel barrio de la ciudad que se extendía desde la carretera de Ourense (Loureiro Crespo) hasta Joaquín Costa y desde el Hospital Provincial a la vía del tren, con la antesala del Campo del Progreso (manzana donde hoy se ubica el Colegio de las Calasancias).
Gil ejerce de eiriñista, «o como se diga» y fue uno de los impulsores de las xuntanzas anuales de los antiguos vecinos del barrio, que empezaron organizando las generaciones más jóvenes y después asumieron los más veteranos convirtiéndolas en multitudinarias. Pero, además, ejerce como tal en su propia casa, hasta el punto de que en el «uniforme» de cocinero que le regalaron sus hijas -es un aficionado dominguero a la cocina- lleva grabado el nombre de «Josemari de L' Eiriña».
«En los barrios de antes todo el mundo se conocía, se vivía y se convivía, las casas estaban siempre abiertas y los chavales nos criábamos en la calle». «De las llaves siempre puestas en la puerta, pasamos a los porteros automáticos», comenta.
Cuenta Gil que el primer televisor que hubo en el barrio lo trajo el padre de los Paz de Alemania allá por el año 58. Era un Grundig y cogía la TV portuguesa. «De aquella era habitual juntarse en las pocas casas donde había televisión».
Otra de las viejas estampas que recuerda es la matanza del cerdo en la calle y al asturiano como matarife. Y, por su puesto, el taller de Antonio el herrero, que le proporcionó de niño interesantes conocimientos sobre la dilatación lineal de los metales y donde vio forjar farolas para el Ayuntamiento.
A Eiriña limitaba con Os Salgueiriños y A Parda, «los tres barrios con identidad propia y con rivalidad entre los chavales, que las también la había con los de A Seca, aunque estaba más alejada». «El núcleo duro éramos Toñito, Guillermito, Pepito, Juanito, Carlos, Paco y Josemari». Las «fronteras» eran el hospital y el puente de la vía del tren, y los terrenos donde hoy está la estación del ferrocarril era una zona de expansión a monte, «donde íbamos a jugar al fútbol y otras andanzas».
En la Pontevedra del «¿...Y tú de quién vienes siendo?», A Eiriña era un barrio en el que convivían y se relacionaban familias de todos los estratos sociales. Los Méndez Núñez, Limeses, Artime, Fernández Villamil, los Torres, Santos, Juncal, Ugarte, Silva, Picó, Castro, Portasany, Portas, Janeiro, Cortizo, Roque, Velasco, Suma, Ferreirós, Cándido, Soliño o Viéitez, entre otros muchos, son antiguos moradores retratados en el libro de Fariña.
Emilio Pérez Touriño también vivió en el barrio, aunque José María Gil no recuerda al actual presidente de la Xunta jugando en la calle con las pandillas de chavales de entonces. Sin embargo sabe perfectamente donde residían los Touriño, «encima de la tienda de Lina, en Joaquín Costa, y después cerca de la travesía».
La familia de Gil era una de las más conocidas del barrio por los negocios de maderas de su abuelo Manuel. Su casa, en la esquina de Joaquín Costa con la travesía de A Eiriña, donde todavía reside su madre, es una de las pocas que sobreviven, «pero será por poco tiempo», explica. En el solar se va a construir un nuevo edificio de viviendas.
Según cuenta Enrique Fariña en su libro, Manuel Gil compró en su día esa esquina por 6.000 pesetas, pero su nieto ni confirma ni desmiente. Sí constata que en el solar ya había una fuente pública que su abuelo mantuvo, primero, en la fachada de la casa, y después trasladó al terreno público inmediato, donde todavía sigue, delante de lo que queda del taller del herrero.
Esta zona de la ciudad ha crecido mucho urbanísticamente y cada vez está más integrada en el centro urbano, aunque para muchos sigue siendo el extrarradio. «Ahora ya no tanto, pero antes cuando bajamos a la Peregrina decíamos que íbamos al pueblo», recuerda José María Gil.
«Del antiguo barrio ya poco queda, pero el cambio definitivo está por venir». Señala hacia las fincas en ruinas de la margen izquierda de Joaquín Costa que forman parte del proyecto de la futura urbanización de A Eiriña, la famosa unidad de actuación número 18, y que llega hasta Eduardo Pondal y la avenida 12 de Noviembre.
«Ahí hay 50.000 metros cuadrados de terrenos para construir unas mil viviendas y con frente a esta calle de Joaquín Costa va un parque precioso que va a revalorizar mucho la zona». Entonces sí que la transformación será total.