Sellos en circulación

María Conde maria.conde@lavoz.es

PONTEVEDRA

Cuando Manuel Docal era niño -ahora tiene 74 años- se gastaba el real que le daban sus padres para ir al cine en los sellos que conseguía en Correos. Su afición iba en aumento hasta el punto de que llegaba a revolver en las papeleras en busca de estampas. Así comenzó su importante colección filatélica este pontevedrés que ahora muestra una de sus temáticas, la seguridad vial, en el local de la Asociación de Vecinos San Roque (calle Hermanos Pazó Montes, número 2). Dice Docal que esta temática «es única en España», ya que otros coleccionistas apuestan, por ejemplo, por separatas, esto es, sellos de coches o bicicletas, pero en su caso en las estampas están presentes todos los elementos del código de circulación. Además de vehículos aparecen carreteras, marcas viales, señales... De entre las estampas destaca por ejemplo una alemana de la época del Tercer Reich de Adolf Hitler, que muestra la autopista de Baviera, o un sobre con seis sellos de calesas de Portugal, muy antiguos. En busca del oro. Docal pertenece al Club Filatélico de Pontevedra, que cuenta con una treintena de miembros, así como a la Federación Española de Filatelia y a la Internacional con sede en Bruselas. Esta muestra ha estado expuesta en varios países y entre los años 1986 a 2007obtuvo diecisiete diplomas en diferentes ciudades, comunidades y otros lugares del extranjero. Además, en los años 2005 y 2006 ganó en Madrid y Málaga la medalla de plata en la exposición mundial y su gran aspiración es ahora buscar el oro. «Es el peldaño que me falta, pero es difícil», indica. La exposición cuenta con cerca de quinientos sellos, valorados en 75.000 euros, pero su colección completa llega a las 2.000 láminas, que ha conseguido a través de intercambios con compañeros, subastas y muchos viajes. Entre ellas hay otra temática, la relativa a la camelia, a la que guarda especial cariño.

Seguimos con exposiciones y en concreto con «un artista que leva toda Galicia dentro». Así definió Antón Sobral a su colega Antón Pulido a propósito de la apertura de la exposición de éste último en Vigo. «Ahora ya sabemos a qué se debe ese orondo contorno que luces», le dijo uno de los muchos amigos que se dieron cita en el Centro Social Caixanova. Si las medidas fueran equiparables bien podría decirse que en la sala había tantas arrobas de arte como de amistad. Allí estaban, entre otros, Ramón Castromil, Luis Espada, Iñaki Martínez, Xesús Alonso Montero, César Cunqueiro, Mercedes Méndez, Luis García Mañá, Kristina Berg, Gerardo González Martín, Nemesio Barxa, Maribel Collazo, Uxía, José María Fonseca, Carlos Blanco, Ana Legido, Antonio Quesada, José María Barreiro, Camino Noia, Javier Buján, Carlos del Pulgar... Y Bieito Ledo y Luis Suárez. Sostuvo asimismo Antón Sobral que Pulido tiene todas las coincidencias con Laxeiro. O casi. Como el de Lalín, dijo, domina la técnica, la calidad de su pintura es incuestionable y desborda bondad. «Siempre está dispuesto a prestar ayuda a otros artistas. Sabe mucho de fusionar arte y vida», dijo. Por si fuera poco, añadió, está en posesión del antídoto contra el consumismo: la creatividad. Aún tuvo Antón Pulido una dosis extra de afecto, en este caso en forma de música de gaita. El del gaiteiro es un tema recurrente en su obra, también presente en esta colección que vio la luz el jueves. Y fue precisamente un gaiteiro, Óscar Ibáñez, el que abrió y cerró el acto con un alalá y sendas muiñeiras.

Más protocolario fue ayer el acto de entrega del pendón que una delegación de la Congregación de Mena (Málaga) ha regalado a la Escuela Naval de Marín. La institución se vistió ayer de gala para la recepción del estandarte, entregado por Cayetano Utrera Ravassa, el hermano mayor de la Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, como también se conoce a la cofradía. Utrera firmó en el libro de honor del centro y, junto al resto de asistentes, participó en una visita al pañol histórico, el simulador de navegación y otras dependencias de la Escuela. Finalmente, el pendón, que lleva la imagen de la Virgen de la Soledad, fue depositado en la capilla de la institución. La relación de la Armada con la Congregación de Mena data de una tradición de 1756, cuando un barco militar entró a salvo en puerto en una tormenta al divisar la silueta de la iglesia de esta cofradía.