El tráiler empotrado en una casa de Salcedo se ha convertido en una atracción para decenas de arriesgados curiosos
11 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Se ha convertido en el motivo pontevedrés más retratado en los últimos días. Los móviles con cámara no dejan de apuntar al camión que se empotró el pasado día 5 en una vivienda de Salcedo. Un instante de felicidad al alcance de un click para capturar la imagen del siniestro.
Esta es la crónica de quince minutos frente al camión que se ha llevado por delante el pilar base de la estructura de la vivienda y que no puede ser retirado por temor al derrumbe de todo el inmueble. Los primeros en llegar son una pareja joven a bordo de un camión de reparto de gaseosas, que estaciona en el arcén. El acercamiento inicial es tímido, pero a él enseguida le vence la curiosidad. Pisa el precinto, pasa bajo el camión y se adentra en el hueco que el impacto ha dejado en la fachada.
En ese intervalo de tiempo, apenas un par de minutos, otro coche ha parado frente al lugar del siniestro. A bordo van cuatro muchachos que apenas superan la veintena. Directamente pisan el precinto con el que la Policía Local ha acotado el lugar. Se le suman inmediatamente dos parejas de jubilados. Ellos se abalanzan desde el otro lado de la carretera, logran sortear a duras penas el incesante tráfico.
Treinta y cuatro camiones
Entretanto, hasta el momento, en unos diez minutos, han pasado frente a la casa treinta y cuatro camiones de igual tonelaje que el que ahora sostiene toda la estructura contra la que impactó.
Los jubilados toquetean el camión. Posan junto a las ruedas y, uno de ellos, que viste pantalón verde y camisa de cuadros, se acerca hasta la cabina. Las advertencias que han hecho a lo largo de los últimos días los técnicos sobre el riesgo de desplome del edificio no son suficientes para luchar contra la curiosidad, que ahora pica también a las señoras. Habían estado esperando durante los últimos minutos en el coche. Mientras ellas prefieren mirar desde el otro lado de la carretera, llega una furgoneta de reparto al espectáculo. Estaciona donde están las jubiladas y les impide ahora ver el camión.
Pasa un ciclista, que se suma a los demás espectadores. Vuelve a pedalear mientras el tráfico incesante de camiones parece una amenaza constante para las viviendas cercanas a la que ya tiene uno metido en sus entrañas.
Fin del cuarto de hora en el que el cronista ha sido espectador. Han pasado sesenta y cinco camiones de gran tonelaje. Han parado cuatro vehículos en zonas prohibidas solo para curiosear, y un indeterminado número de conductores han girado sus cabezas al pasar, entre sorprendidos e inconscientes.