La cultura de los sellos

María Conde maria.conde@lavoz.es

PONTEVEDRA

¿Sabían que antes de inventarse los sellos quién pagaba los gastos del correo era el destinatario de la misiva? El sistema planteaba bastantes problemas, porque en muchas ocasiones quienes recibían las cartas no querían hacerse cargo de la correspondencia. Tras ser testigo de un ejemplo de esta índole, el británico Rowland Hill, director general de Correos en 1840, inventó el sistema de sellos, que paliaba el anterior problema y además, permitió unificar las tarifas postales según el peso de cada envío. El primer sello del mundo apareció en mayo del citado año y presentaba una efigie de la Reina Victoria. Costaba un penique y estaba impreso en color negro. Por eso hoy se le conoce como black penny. Pues bien, un original de esta estampa está desde ayer expuesto en el colegio de Campolongo, en el marco de la exposición El mundo de los sellos, una muestra organizada por la Comisión Nacional de Filatelia Juvenil y la Federación de Sociedades Filatélicas, bajo el patrocinio de Correos, para adentrar a los más jóvenes en una afición que, después de tanto tiempo, sigue plenamente vigente y, para conocer mejor «ese trocito de papel llamado sello, que es reflejo de nuestra historia». La exhibición cuenta también, como no podía ser menos, con el primer sello que se emitió en España, que llegó diez años más tarde, en 1850 y fue obra de Bartolomé Corominas. La estampa, que valía de aquella seis cuartos, representa a la reina Isabel II y fue puesta en circulación el 1 de enero, una fecha en la que ya habían aparecido los primeros coleccionistas, como el doctor Grey, que solicitaba ya en 1842 sellos para su colección. Una afición que no decae. El encargado de poner al día a los alumnos sobre las particularidades de la filatelia es el monitor Felipe Villamartín Oviedo, que para que se hagan una idea ha contado la muestra ya a 150.000 escolares, que la vieron en las trescientas sedes donde ya se ha expuesto desde 1998. «Casi siempre lo que les llama más la atención es el sello más grande del mundo -comenta-. Y también algunas colecciones, como la de animales». La muestra está formada por distintos paneles, «y cada uno es una minicolección de grandes colecciones, casi todos medallas de oro». Además, están también las diversas gamas, según Villamartín, «desde la tradicional, donde enclavaríamos el primer sello español, hasta la clase abierta, en la que se puede poner el 50% que no sea material filatélico, y que es la tendencia más moderna». Entre las filatelias temáticas, está un panel dedicado a la aerofilatelia, otro a la astrofilatelia y otro a los scouts, mientras que también se exponen algunas colecciones que han hecho escolares a partir de un tema. El monitor desveló que tiene su propia colección de sellos en torno a un tema, el caballo, aunque no quiso cifrar los que tiene, como tampoco valorar la muestra exhibida. «En Vigo está Manuel Lago Martínez, que tiene una de las mejores colecciones y a él le compro», añadió Villamartín. El monitor reconoce que la filatelia es una de las aficiones que lejos de decaer con las nuevas tecnologías, sigue sumando adeptos y que en Galicia hay gran afición. «Siempre digo que el sello es cultura y que la cultura nunca muere -indica-. Los sellos buenos siempre suben y siguen saliendo clásicos a subasta». Para ir creando afición, Villamartín entrega a cada uno de los alumnos que asisten a sus charlas un kit básico, que incluye un cedé con juegos sobre el tema, así como una guía didáctica con la historia de la filatelia y con las ideas básicas para montar una colección. Postales y fotografías. Junto a la exposición de sellos, el CEIP Campolongo prepara también otra muestra de las postales aportadas por los alumnos sobre distintos rincones de todo el mundo, que agrupan estos días por continentes. Asimismo, otra próxima exhibición es la de fotografías sobre imágenes de monumentos patrimonio de la Humanidad. José Curt presenta la reedición de «31 galegos e pico». Si los sellos son cultura también lo son aquellos oficios tradicionales de Galicia que, al contrario que las estampas, van desapareciendo. De ellos habla el libro de José Curt 31 galegos e pico, del que ayer presentó el autor una reedición, en un acto celebrado en el Café Moderno de la Fundación Caixa Galicia, por cierto abarrotado de público. El libro es fruto de dos años de trabajo y 8.000 kilómetros recorridos en coche por el autor, de Os Ancares hasta la costa, para mantener amigables conversaciones con personajes de la Galicia verde, rural y trabajadora. La primera edición data de 1981 y ayer se presentó la nueva, en gallego, con el abogado Pedro Rial López como maestro de ceremonias y la asistencia del vicepresidente de la Diputación, José Juan Durán Hermida. Es una edición revisada y corregida, publicada por la editorial del organismo provincial. Curt Martínez escribió numerosos libros y artículos, especialmente relacionados con la naturaleza. Nacido en Cádiz pero «exiliado sentimental de Galicia», como él mismo reconoce, comunidad en la que vivió durante 20 años, muchos de ellos al frente del parque natural de las Illas Cíes cuando se creó, ahora reside en Madrid por cuestiones profesionales, desde donde se desplazó para asistir ayer a la presentación de la nueva edición de 31 galegos e pico.