Arquitectura de Pontevedra para gobernar Madrid

A. Castroverde

PONTEVEDRA

Un edificio de Palacios albergará en breve la alcaldía de la capital

02 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Dentro de unas semanas, el alcalde de Madrid y sus colaboradores más cercanos se instalarán en el viejo Palacio de Comunicaciones de la plaza de Cibeles. Más de trescientos años de historia de la célebre Casa de la Villa quedarán atrás para que el regidor madrileño se acomode en un edificio marcado por la arquitectura del pontevedrés Antonio Palacios.

Sede de Correos durante décadas, el inmueble fue encargado a Palacios y Otamendi, tras ganar un concurso de ideas convocado en 1904. El palacio, una amalgama de tradición plateresca e influencia modernista, a decir de los estudiosos, pronto se convirtió en uno de los emblemas de la capital española.

Dicen que León Trotsky lo bautizó como la catedral de las comunicaciones, tal vez porque en la época del líder revolucionario las sedes eclesiales marcaban la excelencia arquitectónica en no pocas ciudades. El conjunto, pronto considerado una de las obras cumbre de Palacios, comprendía dos grandes edificios, uno pentagonal y otro rectangular, que delimitaban un patio central en forma de L. Los técnicos elogiaron siempre el recurso generoso al acristalamiento y el empleo del hierro como elemento estructural.

El proyecto de rehabilitación que actualmente se lleva a cabo prevé abrir al público la torre central, equivalente a once pisos y que ofrecerá vistas muy atractivas de una de las zonas más bellas de Madrid. Tabiques de cristal y maderas claras buscan dar paso a la luz con prima incluida para los espacios abiertos. También se prevé cubrir el antiguo aparcamiento de los servicios postales y recuperar vidrieras del celebre taller Maumejean, que trajo a Madrid la moda que había irrumpido en París a finales del siglo XIX.

El arquitecto porriñés dejó la huella de su arte y de su saber en otros puntos de la plaza presidida por la diosa de Frigia. Podría decirse incluso que cumplió en piedra el mandato de fertilidad de la tierra al que se asociaba Cibeles desde la antigüedad. En ese mismo emplazamiento dio vida a las columnas agigantadas de inspiración helenística para la sede del Banco del Río de la Plata -más tarde Banco Central- y, ya sin la colaboración de Otamendi, alumbró las líneas clasicistas del Círculo de Bellas Artes. Configuró así un espacio urbano único que, tal vez, algún día pueda recuperar toda su monumentalidad si se llevan a cabo las ideas para enterrar el tráfico rodado en la zona.

Reconstrucción frustrada

Palacios estuvo a punto de obtener la reconstrucción del Madrid de la posguerra. Pero, finalmente, la capital española no atinó a confiar tan importante encargo a un técnico que la hubiera colocado entre las grandes referencias arquitectónicas de Europa. Eso sí, nos queda el placentero ejercicio de imaginar cómo hubiera sido la ciudad si las cosas hubiesen rodado de otra forma.

A quien se haya acercado a contemplar su hospital de Maudes -cercano al célebre rascacielos Windsor que fue pasto de las llamas- este esfuerzo de intentar adivinar lo que pudo ser le resultará mucho más sencillo. El antiguo centro sanitario de los jornaleros de Cuatro Caminos, encargado para los desamparados por Dolores Romero y Arano, proporciona pistas abundantes sobre un gusto por la rusticidad de la piedra que va a estar muy presente en su obra granítica gallega.