DESDE MI BUTACA | O |
19 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.En menos de dos meses, cuatro excelentes orquestas pasaron por el Centro Social Caixanova y lo que es más importante: la calidad ha ido en crescendo. La última fue la Sinfónica de la Radio de Leipzig, conducida por el joven director James Gaffigan y contando con la participación de la rutilante violinista Arabella Steinbacher. El concierto se inició con la Obertura en Re Mayor de Rienzi, del compositor alemán de Leipzig, Richard Wagner. Arranca con una llamada de la trompeta, que en la ópera incita a la revuelta, enlazada con la melodía de la plegaria, para continuar con un animado movimiento en el que se expresan resumidos otros temas de la ópera. Atinada intervención del trompeta solista en su creciente y decreciente regulador, secundado por el regulador por toda la orquesta. Amplia plantilla con una cuerda y trompas espléndidas, coordinada por una dirección muy vehemente de James Gaffigan. En el Concierto para violín en Mi menor, de Mendelssohn, actuó como solista la muniquesa Arabella Steinbacher que, a sus 25 años, ha demostrado una calidad y pericia dignas de todo encomio. Fuerza, garra, punch, arco vigoroso, temperamento y fraseo cálido, han quedado patentes. Destaquemos, del primer movimiento, su energía y una cadenza con límpidos armónicos; del segundo, su expresividad en el canto melódico y del tercero, su virtuosismo, controlando expresión y brillantez. Técnica y sentimiento unidos en una madurez interpretativa impropia de su edad. Pese a lo numeroso de la plantilla orquestal y que en los fuertes apretó lo suyo, la solista se hizo oír a la perfección. El director atemperó bien el volumen de la orquesta para con la solista. El calor y la insistencia del aplauso motivó que Arabella ofreciese como propina el Recitativo y Scherzo, para violín solo, de Fritz Kreisler. ¡Asombrosa! Los propios componentes de la orquesta, lo reconocieron visiblemente. La segunda parte estuvo dedicada a Richard Strauss, del que interpretaron el Poema Sinfónico Don Juan y la Suite nº 2 de El caballero de la rosa. Una nutrida plantilla en torno a los 100 componentes dieron vida a los pentagramas straussianos en los que el maestro Gaffigan ha creado unos clímax espléndidos y en los que se lucieron los solistas de oboe, clarinete, trompa(s), trompeta y violín que dieron un singular colorido al Poema Sinfónico y que redondearon con la soberbia interpretación de El caballero de la rosa, en la que el rubato en el vals y la dinámica, junto a los múltiples mini solos, crearon una feliz atmósfera. No en balde Richard Strauss es un maestro del timbre orquestal. El tutti valseando y un perfecto cromatismo descendente, todo coadyuvó a la consecución de una impresionante sonoridad. A la vista de que el público no se cansaba de aplaudir, la orquesta ofreció la popular Danza Eslava en Sol menor, Op. 46 núm. 8: Furiant, de Dvorak.