La súbita confesión sorprendió al tribunal que le juzgaba, así como al fiscal y a la acusación Ante un jurado popular, José Blanco pidió perdón a la familia de la víctima
27 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?Remordimientos de conciencia? ¿Arrepentimiento espontáneo? Sorpresivamente, un joven lalinense reconoció ayer en la Audiencia de Pontevedra que iba bebido al volante de un Seat León cuando, en la madrugada del 8 de noviembre de 2003, atropelló mortalmente a una joven. Al mismo tiempo se reconoció autor de los delitos de homicidio imprudente y omisión del deber de socorro que le imputaban la acusación particular y el fiscal. Nada hacia presagiar tal desenlace, tal y como reconoció posteriormente el ministerio público que ya había asumido que la duración del juicio sería de dos días. De hecho, a primera hora de la mañana comenzó la selección de los nueve miembros del jurado y de los dos suplentes. Poco antes de las doce del mediodía, una agente judicial anunció el inició de la vista oral, al tiempo que el secretaria comenzaba a leer los escritos de acusación y de defensa. Lo que prometía ser un mero trámite, esto es, el momento en el que el presidente de la sala le pregunta a un acusado si se confiesa autor de los delitos imputados, dejó a buena parte del público, así como al fiscal y a la acusación particular, estupefactos -hubo quien aseguró que ni siquiera el abogado defensor se lo esperaba-. José Blanco se declaró culpable de los cargos manifestando que, en el momento del atropello, estaba bebido y no se daba cuenta de lo que hacia. Abatido, el acusado aludió a que abandonó el lugar del siniestro por miedo y manifestó que se dirigió al domicilio de su madre con la intención de acudir posteriormente a la Guardia Civil. «Quiero pedirle perdón a su familia [a la de joven fallecida], a sus padres y hermanos». El presidente de la sala disolvió el jurado y dió por cerrada la sesión. La defensa Aparentemente, de nada le ha servido al abogado defensor esgrimir en su escrito que no existen pruebas objetivas de que el imputado circulase a excesiva velocidad o instase a que se decretase la nulidad de la prueba de alcoholemia. El letrado, si bien reconocía que su cliente conducía el Seat León que arrolló a la víctima, mantenía inicialmente que fue ésta la que irrumpió sorpresivamente en la calzada al salir corriendo desde detrás de unos contenedores. En su opinión, el joven no había podido esquivarla. En cuanto a la huida del lugar de los hechos. El abogado incidió en que José Blanco detuvo su vehículo, observando como otros peatones auxiliaban a la chica, para acto seguido reanudar la marcha como consecuencia de los nervios y de temer por su integridad física. En cuanto a la prueba de alcoholemia practicada horas después del suceso y que dio positivo, el abogado la consideró nula, ya que, según apuntó, no consta en las diligencias el modelo de alcoholímetro utilizado «ni se le realizó [a su representado] la prueba de contraste». Por su parte, la acusación particular -solicita cuatro años de prisión por omisión del deber de socorro, otra pena similar por homicidio imprudente y seis años de retirada del carné- apuntó que, tras el atropello, el acusado habría provocado un segundo accidente presumiblemente con el objetivo de disimular lo ocurrido. En este punto, el fiscal indicó que eso era una mera hipótesis que no se había podido comprobar, si bien fue el propio hermano del acusado la primera persona en acudir a la Guardia Civil.