¿De quién es esta calle?

A. Castroverde PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

MARCOS CORBACHO

Crónica | Vías huérfanas Concello y Diputación no se aclaran sobre la titularidad de la rúa Blanco Amor. No es el único caso: también hubo muchas dudas sobre el auténtico dueño de la rotonda de los Tirantes.

08 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Algunos la conocen como calle de las tapas, no porque huela a calamares y pulpo, sino porque acumula 223 cubiertas de registros de alcantarillado, agua, gas y cable en apenas 700 metros, 160 de ellas en plena calzada. Esta invasión de tapas, muchas de ellas flojas y ruidosas, a nadie debe extrañar si se tiene en cuenta que la calle Blanco Amor, a día de hoy, se parece a aquello que llamaban los latinos res nullius, es decir, una cosa que no es de nadie. Lo menos que se puede decir es que no tiene un dueño claro. Una reciente reunión nocturna con presencia de técnicos de la Diputación y del Concello, así como de las máximas autoridades locales y provinciales concluyó sin poder designar un titular para esta vía. Ni Louzán, ni Lores, ni Mosquera, ni Teresa Pedrosa fueron capaces de dilucidar quién debía hacerse cargo de este vial en una cumbre que sirvió para traspasar otros diez tramos de la Diputación al Concello. «Queda pendente...hai que axustar», se excusó el concejal de Urbanismo al día siguiente. «Creo -añadió- que Blanco Amor, ata Juan XXIII, está cedida xa. Hai que aclarar, porque hai algunhas que non se sabe se están cedidas ou non. Hai que aclaralo dunha vez». Que autoridades y técnicos no sepan de quién es una calle, máxime cuando hay un plan de ordenación municipal en vigor y un catálogo de carreteras provinciales, es algo extraño. Pero Blanco Amor no es el único caso. Hasta esa reunión, tampoco estaba claro de quién era la rotonda de los Tirantes. La Diputación sostenía que era de la Xunta, que fue quien hizo el anillo de A Eiriña y el propio puente, y el Concello tampoco la reconocía como propia. Al final, las máximas autoridades locales y provinciales llegaron a la conclusión de que era de la Diputación, tanto ese tramo como el que va por delante de Magisterio. Un dato trascendente Haber averiguado el dueño no es algo baladí. La rotonda lleva meses convertida en un campo de cráteres lunares sin que nadie se sirva poner allí una ración de chapapote. Ahora la Diputación se ha comprometido a pavimentar. Luego, traspasará toda la avenida de Buenos Aires al Concello. Todo un logro. No es el único caso de vías sin dueño: la subida a Campañó y el acceso al lago Castiñeiras desde Vilaboa también estuvieron una temporada sin titular conocido. Tuvo que tomar cartas en el asunto hasta el Xacobeo al comprobar que los turistas que subían a Castiñeiras y al mirador de las rías pegaban en el suelo con sus coches. Al final, la Diputación terminó haciéndose cargo del embolado. El contraste a tanta vía sin dueño lo pone Fomento, tercera Administración en discordia. Desde Madrid ni un paso atrás. Hace unos meses cedió a regañadientes la zona de Beiramar, pero se niega a entregar al Concello Fernández Ladreda, la avenida de la Estación y la avenida de Vigo. Ni come ni deja comer. El resultado está a la vista: socavones que paralizan el tráfico y una rotonda en indignante mal estado durante meses en pleno centro de la ciudad, mientras el departamento de Magdalena Álvarez silba para arriba. Entretanto, el contribuyente paga otra ronda de neumáticos y, naturalmente, varias más de impuestos. ¿Serán para tapas?