DESDE MI BUTACA | O |
31 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.La Real Filharmonía de Galicia (RFG) ha ofrecido un nuevo concierto en el Centro Social Caixanova. En la presente ocasión, esta excelente orquesta estuvo dirigida por el alavés Juanjo Mena, colaborando como solista el prestigioso violonchelista Pieter Wispelwey. Un buen concierto que al final dejo un sabor agridulce dado que, tras 51 minutos musicales, la Filharmonía no ofreció ninguna propina, como es habitual en esta orquesta en Pontevedra, pese a que en otros conciertos dados en Galicia y fuera de esta comunidad sí lo hace. Los artistas se deben al público y cuando éste lo demanda, es de recibo dar la oportuna respuesta: ¡Amor con amor se paga! El concierto se inició con una obra infrecuente: Música para un ballet caballeresco, compuesta por Beethoven a los 21 años. Consta de siete pequeñas danzas, al estilo de la época, más una coda; trabajo realizado por encargo del conde Waldstein para ser interpretado el último domingo de carnaval de 1791. En los once minutos que duró su interpretación, Juanjo Mena al frente de la RFG efectuó una distendida lectura, alcanzando una simbiosis con la orquesta, gustándose y consiguiendo de la misma una sonoridad redonda que el público premió con calor. En poco más de mes y medio pasaron por este auditorio los violonchelistas de fama mundial Mischa Maisky y Pieter Wispelwey y dentro de unos días tiene prevista su visita Antonio Meneses. En la actuación que estamos comentando, Wispelwey fue el protagonista del Concierto para violonchelo y orquesta nº 1, de Camille Saint-Saëns. Estructurado en tres movimientos ininterrumpidos, su escritura es de claridad y maestría técnica para el solista, bien arropado por la orquesta. Solo de chelo Escuchamos un Wispelwey que recorrió la larga tesitura del chelo con gran precisión y afinación del que extrajo excelentes planos sonoros de sus registros medio y grave, finísimos armónicos en los agudos y buen vibrato; pulsación vigorosa, resoluto en el ataque con el arco y pianissimos muy conseguidos; expresivo, temperamental, cálido y sentido; con miradas de complicidad al concertino y al director y viceversa, evidente muestra de satisfacción. Brillante el solista y espléndida la orquesta y su dirección. Cerró el programa la Sinfonía nº 44 en Mi menor de Joseph Haydn, conocida con el sobrenombre de "Fúnebre". Extraordinaria obra sin intervención del percusionista, distribuida en cuatro movimientos. Versión muy personal y sugerente del director, con admirables pinceladas de gran finura, en la que destaca su entrecortado y melódico primer movimiento; del segundo, su delicioso resultado, sumamente expresivo, en el que el maestro Mena dirigió sin batuta (las manos libres permiten más expresión); el tercero lo llevó muy cantabile y pausado y el cuarto con gran vitalidad, sacando un portentoso sonido de la orquesta de la que destacaron los violines (en general, toda la cuerda). Al final, las propinas brillaron por su ausencia.