La CIG tuvo que cerrar una planta durante un día por las goteras, que también sufrió UGT Trabajo sigue apostando por la permuta, pero sólo si hay un consenso que por ahora no se da
05 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.UN SALÓN DE ACTOS RUINOSO. El estado del salón de actos del edificio sindical es ruinoso. Se trata de la única dependencia del inmueble que utilizan todos los sindicatos, además de los accesos. Recientemente se contrató a una empresa de limpieza para las zonas comunes, pero hasta en ello hay discrepancias. A estas alturas, a nadie se le escapa que el estado del edificio sindical de Pontevedra está cercano a la ruina. No hay más que darse un paseo por el inmueble de la calle Pasantería para ver los desconchones, las manchas de humedad, el estado semiabandonado del salón de actos -la única estancia cuyo uso comparten todas las centrales- o, sobre todo, las estrecheces de espacio que tienen que soportar, unos en mayor medida que otros. El último episodio de deficiencias se vive estos días, cuando tanto CIG como UGT vienen padeciendo importantes goteras a consecuencia de las lluvias que provocaron inundaciones en media provincia. En el caso de la central nacionalista, la situación fue tan alarmante que hubo que cerrar uno de los pisos durante toda la jornada del martes. En el sindicato ugetista, el problema se saldó con unos cuantos cubos para recoger el agua que goteaba del techo. El problema radica en que el canalón que debe de evacuar el agua del tejado se obstruye cada dos por tres a causa de una hiedra que crece por toda la pared del edificio. Cuando rebosa el canalón, el agua fluye libremente y cae sobre la sede de la CIG. Por los tubos fluorescentes, por esquinas del techo, por los marcos de puertas y ventanas... Y de la CIG pasa también a UGT, que está justo debajo, en el ala del inmueble de da a la plaza de A Ferrería. Poco factible Los problemas que sufrieron esta semana ambos sindicatos pueden parecer una anécdota al lado de los dramas que se vivieron en Vilagarcía, Caldas o Marín, pero no viene sino a poner de manifiesto que el estado del edificio es ruinoso y que urge buscar una solución. A priori sólo caben dos: cambiar de edificio o arreglar el actual. Ambas parecen poco factibles. CIG y UGT redactarán un documento conjunto para instar al Ministerio de Trabajo a que repare estas deficiencias en el edificio, pero ya saben que Madrid no está por la labor. Desde hace un par de años, el Ministerio repite una y otra vez que no invertirá ni un euro más en reparar el inmueble, dado su lamentable estado, y que su apuesta es el traslado a través de una permuta. Lo malo es que para que Trabajo acepte una permuta tiene que darse un consenso entre todos los inquilinos del inmueble, y la posibilidad de que CIG, UGT y Comisiones Obreras se pongan de acuerdo parece, hoy por hoy, casi de ciencia ficción. El penúltimo desencuentro entre las tres centrales se produjo el pasado septiembre. El secretario comarcal de CIG, Rafael Iglesias, asistió en el Ministerio, en Madrid a una reunión de la comisión de patrimonio sindical en la que se iba a tratar el futuro de algunos inmuebles gallegos. Los representantes de UGT y de Comisiones, asegura Iglesias, ni siquiera sacaron el tema de Pontevedra, y cuando fue él quien lo puso sobre la mesa el miembro del Ministerio presente en la reunión le recordó la necesidad de llegar a un consenso para negociar la permuta. De vuelta en Pontevedra, Iglesias convocó a sus colegas en las secretarías comarcales de UGT (Juan Ramón Vidal Trillo) y CC.OO. (José Luis García Pedrosa). El primero acudió, pero el segundo no. La dificultad para alcanzar un consenso radica en dos factores. Por un lado, las nulas relaciones entre CIG y Comisiones. De hecho, sus secretarios comarcales ni siquiera se hablan. Y por otro, el hecho de que UGT no está dispuesto a renunciar ni a un metro de lo que tiene en el actual edificio (disfruta de unos mil metros cuadrados por 500 de CC.OO., unos 300 de CIG y apenas cien de CGT). Para alcanzar un acuerdo, desde la CIG se pide que la distribución de espacio se haga en función del número de delegados, mientras desde Comisiones se insiste en que todos los sindicatos han de disponer de espacio suficiente para trabajar con comodidad. Algo que, hoy por hoy, no es posible.