Reportaje | Un domingo gastronómico Meaño celebró una nueva jornada del vino de autor, Ribadumia se dedicó a degustar pollo, Marín optó por la cigala y Poio ofreció a sus visitantes las mejores almejas
23 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Verano y gastronomía van casi de la mano en la provincia pontevedresa. Prueba de ello fue la jornada de ayer, especialmente cargada de celebraciones. Los que se dejaron llevar por las delicias gastronómicas tuvieron que elegir entre la cigala de Marín, la almeja de Campelo, el vino de autor de Meaño y el pollo de Ribadumia. Los que prefirieron las fiestas se encontraron con una novedad, la primera Festa da Malla e o Burro Labrego, que se desarrolló en Curro. También hubo la Xuntanza Cabalar de los Cabaleiros do Faro, en Rodeiro. En Marín, la Festa da Cigala se celebró este año en una finca próxima a la playa de Mogor, lo que atrajo a muchos bañistas a la degustación gratuita. Previamente, José Luis Torrado, «O Bruxo», recordó las fiestas de su infancia en las que nunca faltaba la cigala. En menos de una hora, se consumieron 250 kilos de cigalas y cien de gambas. La junta directiva de la Orden de la Cigala pasó mucho calor con sus capas azules. Del vino al pollo Mientras, en Meaño la carpa se iba llenando poco a poco y, a pesar del calor, centenares de personas se acercaron a probar los mejores albariños. Los visitantes tenían ayer premio y, con sus botellas, fueron agasajados con una ración de chorizo. Hubo también percebes de Cedeira y jabalí de Cerdedo, para los que buscaron menús más atrevidos. A pocos kilómetros de este recinto festivo, los vecinos de Ribadumia daban buena cuenta de centenares de raciones de pollo. A la sombra de la Carballeira, los asistentes pudieron disfrutar también de una jornada festiva en la que no faltaron los juegos y la buena música. Degustaciones hubo también en la Xuntanza Cabalar de los Cabaleiros do Faro, del municipio de Rodeiro. A media mañana tenía lugar en A Devesa una degustación de carne gratuita de carne de potro. El animal, sacrificado estos días, pesaba unos noventa kilos. Tras la degustación y la comida de confraternidad se celebraron diversos juegos destinados especialmente a los más pequeños. Entre las actividades figuraba un partido de burro-polo jugado con burros, un balón y unas escobas, varias gincanas y algunas clases de iniciación a la hípica con la ayuda de caballos mansos. Mucho público también participó en la iniciativa de la asociación Andrea, que se dedica a la acogida y recuperación de asnos. La secretaria del colectivo, Elsa Pérez, destacó la implicación de los mayores del lugar y el buen comportamiento de los pollinos, que realizaron un pasacalles desde el lugar de Couso y hasta la iglesia de Curro. Durante la fiesta, se elaboró pan en cocinas solares y se realizaron exhibiciones: malla tradicional, construcción de un palleiro y demostración de terapia asistida con burros para niños con necesidades especiales.