Praza da Ferrería La ciudad vivió con tensa calma la dura eliminación del Pontevedra en la promoción
12 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Los aficionados del Pontevedra no olvidarán fácilmente el 11 de junio del 2006. El 0-2 conquistado en la Ciudad Deportiva del Sevilla había desatado la euforia entre los hinchas granates, que acudieron el domingo a Pasarón convencidos de que sólo una hecatombe podría apartar al equipo de la pelea definitiva por el ascenso. Sin embargo, la realidad volvió a demostrar que el fútbol es fútbol y la previsible fiesta se convirtió en amargura, lágrimas y sollozos desconsolados tanto en las gradas, en el terreno de juego y también en las calles de la ciudad. Como es lógico, Nino Mirón, el aficionado número uno del Pontevedra, vivió uno de sus días más duros desde que es presidente del club. Su rostro reflejaba la amargura de ver frenado un proyecto en el que tiene puestas muchas ilusiones. Incrédulos se mostraban también Rafael Louzán y Teresa Pedrosa (enfundada en su camiseta granate), y con semblante de pocos amigos también estaba el alcalde, Miguel Lores, que para las pocas veces que va a Pasarón... La ciudad amaneció ayer de forma muy diferente a lo que se preveía. En las calles, bares y cafeterías, como cualquier lunes se hablaba de fútbol, pero con la desazón de haber visto desvanecerse el sueño de la Segunda División. Seguramente muchos de los protagonistas de las conversaciones habían pasado una noche de insomnio con las clamorosas ocasiones erradas por el Pontevedra martilleando sus cabezas. Sin duda no fue un cómodo inicio de semana. Más bien fue la continuación de la pesadilla.