Reportaje | Arte controvertido La exposición «Boas pezas» muestra el trabajo de seis creadoras formadas en Bellas Artes que se rebelan contra determinados roles sociales con puntos de vista cómicos, chocantes o excéntricos
24 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?escaro, burla, crítica o el absurdo. Son sólo algunos de los instrumentos de los que se sirven seis jóvenes formadas en la Facultad de Bellas Artes para ofrecer una vuelta de tuerca sobre los roles sociales y, de forma más concreta, los asignados a la mujer. Ellas se consideran «boas pezas» -o así definen sus obras y su exposición- y su trabajo se exhibe en la Sala X. Andrea Costas es la veterana del grupo y precisamente la encargada de inaugurar ayer la muestra con la performance De-pendentes. «¿Cómo crees que soy?». La pregunta fue respondida por los asistentes al acto en pequeños pósits que la artista se colgó de su traje de papel. Los comentarios serán ahora también otra nueva obra expuesta. Además, Costas, que suele trabajar sobre el concepto del cuerpo femenino, presenta una vídeocreación, Perfectas, en la que la que dos cámaras recorren de forma simultánea su piel y la de su abuela. Más atrevida es otra instalación, que escribe la frase Amor propio en grandes letras realizadas con cera de depilar -y con los pelos-. «Todo es una ironía sobre lo que pasa hoy con el cuerpo, tenemos que estar perfectas hasta los 50, pero creo que cada cuerpo tiene que reflejar su edad», añadió. El hogar se convierte en toda una fuente de peligros para el ama de casa en los cándidos dibujos que presenta Natalia Rey, inspirados en la moda y publicidad de los años 50. Un ejemplo: la obra Solarium muestra a una mujer tumbada con la cabeza apoyada en la vitrocerámica de su cocina. Mónica Cabo indaga en los conceptos de masculinidad y feminidad. ¿Cómo? Pues primero, invitando a las mujeres a orinar de pie, a través de un cucurucho que pueden obtener de un dispensador. Incluso en un vídeo muestra un típico concurso para ver quién llega más lejos, con las siguientes categorías: «niña, marica, machote, premio». Y después con un vídeo en el que enseña a batir claras de huevo con un vibrador. Quien también opta por la performance es Rita Rodríguez, que expone tres fotografías sobre acciones y otra videocreación en la que aparece dentro de un escaparate lleno de vaho para dialogar con los viandantes a través de mensajes escritos en el cristal. De las fotos, quizá la más curiosa es la que cuenta la acción Carencia. La artista ató un hilo de lana roja de un clavo de su habitación y fue desenredando el ovillo hasta la catedral de Santiago. Allí, con él abrazó al Apóstol y emprendió camino de regreso a su cama. Sorprendente, cuando menos, es la obra de Las Pingüinas (Sara García y Natalia Umpiérrez), realizada ex profeso para la sala. Una gran mancha rosa en la pared sirve de marco a un montón de muñecos y peluches desaliñados y al lema «Por favor, que no tengo un duro para matarlos». Una frase desconcertante que, según Mar Caldas, pretende servir de reflexión entre otros temas, sobre el aborto. Y es que, según la comisaria, la ambigüedad es clave en esta muestra: «Se algúns traballos movilizan o sorriso, tamén activan o pensamento crítico, se teñen unha cara amable, tamén outra violentada... Incomodan ou inquedan». Lo que se dice arte peliagudo.