Entrevista | Andrew Black Acaba de ofrecer un curso de inglés a los bodegueros de Rías Baixas. Y Black no duda en afirmar que estos caldos «pueden ser una alternativa a los vinos del nuevo mundo»
24 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?ormado en universidades como Sheffield y Southampton, Andrew Black combina la enología con la enseñanza del inglés en bodegas de España y Francia. A este lado de los Pirineos destacan, entre sus clientes, la Fundación Caja Rioja, el consejo regulador de Ribera del Duero y las cámaras de comercio de Navarra, Ourense o Vigo. Esta semana ha impartido un seminario de perfeccionamiento del idioma anglosajón en el Pazo de Mugartegui de Pontevedra, sede del Consello Regulador Rías Baixas. Todo un tratado sobre la forma de manejarse en los mercados internacionales. -Sí, el seminario se extiende a todos los aspectos relacionados con la producción, el viñedo, los suelos, los métodos de elaboración, la crianza... Todo esto en el contexto de la necesidad de hablar inglés para acceder al mercado internacional. -El idioma es fundamental, claro. -Piense que los mercados más importantes son anglosajones, Estados Unidos y Gran Bretaña. En Inglaterra por ejemplo están de moda los vinos de Australia y también de Chile. Pero creo que los vinos de las Rías Baixas, que tienen un carácter muy marcado, pueden ser una alternativa a los vinos del nuevo mundo. -¿Hasta qué punto son conocidos los vinos gallegos en estos mercados? -En Inglaterra, aunque había una tradición histórica que relacionaba a los vinos del Ribeiro con Londres, en la Edad Media, son menos conocidos. En Estados Unidos sí que son más conocidos. Eso sí, hay que tener en cuenta que son los especialistas y los aficionados quienes los conocen, no llegan al gran público. -¿Cómo llegar a él, entonces? -Es muy difícil, porque la competencia, como es el caso de Australia, invierte presupuestos enormes en lo que se refiere a promoción. Creo que el potencial del vino gallego se basa en su carácter artesanal, no es un vino industrial. -¿Mejor calidad que cantidad? -Exactamente. El vino gallego debe vincularse al turismo y a la gastronomía, como producto artesanal, dentro de una idea global. El problema es que la producción del albariño, por ejemplo, resulta bastante cara. -Por cierto, en cuanto a la cata de los caldos, ¿marca el idioma diferencias? -No, en realidad el vocabulario es igual. Sucede que en los países productores, como España, hay una tradición de vocabulario de enólogo. Pero en los mercados se emplean términos más comerciales, menos técnicos. El vino, a través del lenguaje, debe seducir la mente del consumidor. Creo que esto debería potenciarse.