A FIESTRA | O |
11 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO HACE ya seis años se tomó la decisión de crear el Complejo Hospitalario de Pontevedra se optó, sin duda, por la medida más coherente para desarrollar la asistencia sanitaria en la zona norte de la provincia, ya que la potenciación en competencia de las débiles estructuras asistenciales de sus viejos hospitales no hubiese permitido que ninguno de forma aislada alcanzase los niveles de capacitación que en la Medicina actual son exigibles. Si bien desde el primer momento los colectivos profesionales que lo sustentan expresaron que la solución más adecuada a esta idea de unificación sería la de realizar un único y nuevo edificio, se decidió equivocadamente por mantener el funcionamiento de los dos, continuando el Plan Directorio de Montecelo y congelando inicialmente el desarrollo del Provincial. Es bien sabido que ésto dio lugar -y es aún presente- a un funcionamiento muy complejo, inhomogéneo y poco satisfactorio, con larguísimas obras que colmaron la paciencia de los usuarios y sobrecargaron a sus trabajadores. Como solución pronto nació la idea de la construcción de una nueva edificación anexa al hospital de Montecelo -la llamada cuarta fase de su Plan Directorio- que permitiese el desarrollo e integración completa de las necesidades hospitalarias presentes y futuras en un único lugar y que durante algún tiempo fue displicentemente tratada a nivel político, hasta que la racionalidad de su planteamiento determinó su aceptación conceptual. Hoy es todavía, sin embargo, sólo la promesa de un proyecto. En este difícil contexto la coordinación con el naciente hospital del Salnés fue -y es- con frecuencia precaria y el trágico incendio del archivo de historias clínicas en mayo del 2004 no hizo, sinó, añadir más incertidumbre y mucho más trabajo a una situación ya de por sí especialmente difícil. Por ello cuando, como consecuencia de un cambio en la Administración autonómica, una nueva gerente se hizo cargo de nuestro complejo hospitalario a finales del pasado otoño, su llegada fue percibida por muchos como la ilusionante renovación que precisábamos después de tan larga batalla. ¡Vanas esperanzas...! Indignación No puedo por menos que expresar ahora mi estupor, que es ya indignación, cuando en vez de aunar voluntades para planificar la ambición de una futura cuarta fase, propiciar soluciones a las muchas carencias estructurales y materiales presentes y coordinar la integración funcional del hospital del Salnés, la nueva gerente se desmarca ejerciendo un autoritarismo desfasado que, prescindiendo de la Junta Técnico Asistencial, provoca la rotura de un delicado equilibrio de las guardias médicas -propiciando soluciones propias del siglo pasado-, interrumpe los programas de trabajo de tarde y sus citaciones sin que tenga alternativa prevista, obstaculiza el desarrollo de áreas de referencia competencial, practicando además una política que impresiona de querer marginar a quien disiente. Sigue, sin embargo, la disfunción entre los dos hospitales, las importantes carencias de planificación y de recursos y la costosa descoordinación del hospital del Salnés. El camino largo y fatigoso de estos años está en gran medida ahora en ruinas y un importante daño ya está hecho, porque la asistencia ha empeorado, la vida hospitalaria se ha judicializado y la carencia de liderazgo ha deteriorado la convivencia entre los propios profesionales. Profesionales a los que además burdamente la autoridad provincial -nunca lo ha desmentido- ha descalificado públicamente, añadiendo en una espiral de estulticia un factor de irritación al trasfondo, lo que nada contribuye a solventar estos problemas. No es ésta la terapéutica que este doliente hospital estaba esperando. Y quizás ya sea tarde, porque mientras aquí nos desangramos en el ejercicio de tanto despropósito, otros, próximos, construyen su futuro sobre acuerdos de presente. Es mi opinión.