La esquina que agría el carácter

María Conde PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

En directo | Malestar por las obras de reforma urbana Veinte minutos en la confluencia de las calles Riestra y Gutiérrez Mellado bastan para pulsar la opinión ciudadana sobre el caos de tráfico por el corte de accesos

11 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

No es que una tenga vocación de cotilla, ni mucho menos. Ni que haga esfuerzos por escuchar conversaciones ajenas. Pero un prudencial tiempo de espera en uno de los puntos más polémicos en este momento en la ciudad (la confluencia de las calles Riestra y Gutiérrez Mellado, donde se han iniciado nuevas obras de reforma urbana) puede convertirse, y así resultó, en un termómetro bastante fiable de la opinión ciudadana sobre el caos de tráfico que estos nuevos trabajos han generado. Y esto, sólo con pegar la oreja durante unos veinte minutos en el segundo día de las obras. «Esto pasa por tener un alcalde paleto». Primer giro de cabeza. Quien larga la frasecita es un joven que camina junto a una amiga y cruza la calle hacia las Palmeras, tras rodear las vallas. Hasta donde le sigo, termina hablando de que sin aparcamientos alternativos no se va a ninguna parte y de que el tráfico está llegando a un punto catastrófico. A sólo tres pasos, una joven anticipa que «habría que convocar una manifestación para oponernos a pagar el impuesto de circulacion, porque no hay por donde circular ni aparcar». Sin saberlo, el guante lo recogió tan sólo dos días después el grupo municipal del PP que, encabezado por su portavoz, Teresa Pedrosa, invitó a la ciudadanía a tomar cartas en el asunto. Los que no dan crédito son los operarios de Aquagest. Uno de los estacionamientos para discapacitados de Riestra, donde existe una alcantarilla, está increíblemente vacío. «¡Coño, sitio libre!». Sorpresa, hay quien puede trabajar más o menos a gusto. El mensaje positivo enseguida es contrarrestado con la conversación de dos mujeres que miran con espanto el agujero excavado en la calle. «Pontevedra es un escándalo», dice una de ellas. «¡Pasa de escándalo!», le contesta la compañera. Y también hay quien se queja consigo mismo, pero con el mismo cabreo: «¡Cómo está esto! ¡Es aburridísimo esto de tener las calles así!». Una duda que persigue también a varios de los viandantes es si finalmente la calle Riestra será peatonal. «¿Entonces, qué va a pasar cuándo acaben? ¿Tampoco se va a circular por aquí?». La respuesta que una puede ofrecer se queda a medias: «semipeatonal, con tráfico restringido». «Buf!, esto no puede seguir así». ¿Será posible que alguien alabe el trabajo del gobierno local y su proyecto de ciudad en todo este tiempo de espera? Pues va a ser que no, aunque repito que esta improvisada guardia no pasó de los veinte minutos. Más bien los ánimos se van encendiendo y contagiando entre los que se paran a mirar las obras -los obreros, ciertamente, son también damnificados en este malestar urbano-. El último al que tengo oportunidad de escuchar es un hombre ya entrado en años que no duda en afirmar que «Pontevedra es una p... mierda. Están haciendo un cristo». Claro que seguro que todos estos comentarios no son nada comparados a los que estarán lanzando en el mismo momento los conductores atascados en casi cualquier punto del centro urbano. ¡Paciencia! Pero, sobre todo, absténganse de atajar por las Palmeras.