Toda una vida entre fogones

La Voz

PONTEVEDRA

Praza da Ferrería Sara Besada cumplió ayer 100 años. Trabajó de cocinera en la única casa de comidas de A Illa y sus servicios fueron requeridos por el mismísimo Franco

13 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El trabajo era la única distracción de Sara Besada Rial, una centenaria de A Illa de Arousa afincada en Pontevedra, hasta que hace tres años, la rotura de una cadera truncó su modo habitual de vida. Eso comentaron ayer, fecha de su 100 cumpleaños, sus hijos. Hasta los 97 todavía planchaba la ropa de la familia. Ahora se limita a estar en la cama o en una silla, a donde la trasladan sus allegados, pues no puede andar sola. Natural de A Illa de Arousa, de donde no salió hasta su jubilación, vino con su marido a vivir a Pontevedra con su hija, María Luisa y su esposo, Javier Gallego. Ésta, que la cuida habitualmente, dice con orgullo «es mi madre y es una santa». Cocinera En A Illa de Arousa trabajaba en la única casa de comidas y pensión que había entonces, heredada de sus suegros. Por Casa Luisa, nombre del establecimiento, que también era estanco y panadería, pasó gente importante que daba cuenta de su buen hacer en los fogones. Sus familiares recuerdan los nombres de algunos de ellos, como el escritor Álvaro Cunqueiro o los futbolistas Luis Suárez o Amancio. Su hijo mayor, Alfonso Otero, recuerda una peculiar anécdota de cuando el mismísimo Jefe del Estado, Francisco Franco, la reclamó, como cocinera. «Una vez que estaba en el yate Azor por la Ría de Arousa -comenta-, al parecer se quedaron sin provisiones y se acercaron hasta A Illa. Allí se llevaron de nuestra casa las especialidades de mi madre, que eran el pulpo y las almejas a la marinera. Pasados unos días, aparecieron unos enviados de Franco para que la cocinera que había preparado aquella comida, fuese a cocinarla a un conocido restaurante de Cangas». Y qué remedio, para allá se fue en coche oficial con sus viandas. Por cierto, que Sara Besada comenta siempre lo antipático y parco en palabras que era el Generalísimo. Y es que ella no comulgaba precisamente con sus ideas. La nueva centenaria se adaptó muy bien a la vida en Pontevedra. Viuda desde hace 12 años, su yerno, Javier Gallego, no tiene más que palabras elogiosas para esa mujer. «Es una gran persona» y reitera su afán de trabajo, que iba más allá de las buenas mañas en la cocina. Recuerda que también cosía primorosamente. «A mí -comenta-no había sastre que me hiciera los pantalones mejor que ella». Mujer muy religiosa, de misa diaria -«cuando la misa era a las 8 de mañana», apostilla su hija-, en Pontevedra solía asistir a la de la capilla de San Roque y también a Santa María. Poco amiga de meterse en la vida de nadie, se volcó en el trabajo y la familia, compuesta por cuatro hijos -Alfonso, Armando, Juan Eugenio y Mª Luisa Otero Besada-, diez nietos y seis bisnietos. La mayoría de ellos acudieron ayer a su cumpleaños. Además, recibió la visita del alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores, que le entregó un ramo de flores. La anciana lo recibió en su silla de ruedas y charló con él, interesándose por sus hijos y por si tenían novias.