Comentario | «Misiles melódicos»
26 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.La tragicomedia musical Misiles melódicos, con texto de José Sanchis Sinisterra y música de Gabriel Sopeña, ha sido ofrecida al público pontevedrés bajo el auspicio de Caixanova. Con el subtítulo de Las autoridades sanitarias no advierten de que las armas perjudican seriamente la salud, esta comedia satírica estuvo dirigida por David Amitin. En ella se relata como un magnate de la industria armamentística se despierta un día en su dormitorio con la desagradable sorpresa de que no puede hablar normalmente, sino que para expresarse tiene que hacerlo cantando. A partir de este hecho, se suscitan una serie de situaciones cómicas, dado que los componentes del consejo de administración de su empresa, Defensystms Zulueta S.A., para mejor entenderse con él, tienen que hacerle la pelotilla cantando. Este es el arranque de la obra que, en el fondo, es un alegato contra la fabricación y venta de armas a países subdesarrollados. Grandes negocios legales en una empresa muy aséptica en la que en sus Consejos de Dirección no permitían fumar: ello atenta contra el derecho a la vida, decían; sin embargo, vendían armas para que incluso las manejasen niños, en muchos casos más pequeños que éstas, proponiendo la produción de unas más reducidas, pero no menos mortíferas, para que fuesen utilizadas con mayor comodidad por los niños; es decir, fabricar armamento para niños. Los euros, son los euros... y así en esta línea. No obstante, con mucho escrúpulo, el magnate propietario de la empresa decía a sus directivos: ¡Cuidado, fumar puede matar! Esta especie de zarzuela moderna, con moraleja incluida, lleva a la conclusión de que el defecto por el cual el magnate no podía hablar con normalidad era debido a un problema psicosomático, a un trauma de conciencia. Funcionalidad en la decoración, buena iluminación y excelente sonido, dado que cada uno de los once actores estaba en posesión de un micrófono inalámbrico perfectamente regulado, que les permitía moverse, actuar, cantar y dar pasitos de baile sin que se perdiese una sola sílaba ni una nota musical, algo que venimos interesando en nuestros comentarios, una y otra vez, por activa y por pasiva, a las compañías de teatro que os visitan. Encabezados por José Luis Estéban, en el papel de Javier Zulueta (magnate de la empresa), los once actores que conformaron el elenco, como tales pasaron sin pena ni gloria y como cantantes con más pena que gloria. La música, insulsa e intrascendente. No obstante, las dos horas que duró el espectáculo, por lo original y desenfadado del tema (dramático, pero cargado de humor), resultaron entretenidas para el público.