Crónica | Instituciones a la greña Louzán dijo a primera hora que podría prohibir la visita de Anxela Bugallo al Museo por no pedirle permiso. Las lanzas fueron abrazos por la tarde, pero no hubo disculpas
22 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Consellería de Cultura y Diputación protagonizaron ayer un agrio rifirrafe político después de que la titular del departamento, Ánxela Bugallo, anunciase una visita a las obras del Museo sin dar cuenta para nada al gobierno provincial. La conselleira dijo que su departamento había llamado a un técnico del Museo para anunciar la visita, pero esta llamada fue considerada insuficiente por el equipo de Louzán, que se quejó de que Bugallo no llamase ni al presidente de la Diputación, Rafael Louzán ni a la presidenta ejecutiva del Museo, Teresa Pedrosa. «É como se eu vou visitar o parque de bombeiros e, en vez de chamar ao alcalde, chamo ao xefe dos bombeiros», se quejó Louzán. El dirigente popular acusó a los responsables de la Xunta de «confundir as institucións con temas partidarios» y advirtió que «non vamos a consentir» lo que consideró «desprezos» a la Diputación y a los 45 alcaldes del PP. «O vaso desbordouse», dijo Louzán tras referirse a distintos episodios de «sectarismo político» por parte del Gobierno de la Xunta. La tensión matinal llegó a un punto en la que quedó claro que incluso estaba estudiada la posibilidad de prohibir la visita de la conselleira. «Poderíase -comentó Louzán- prohibir perfectamente. Eu podería actuar dese xeito. Non está autorizada ningunha visita ao Museo de Pontevedra». No obstante, el presidente de la Diputación dijo que había optado por acompañar a la conselleira a las obras por la tarde «porque [prohibirle la entrada] non é o que queren os cidadáns». «Rabieta infantil» Bugallo, por su parte, se despachó por la mañana asegurando que las declaraciones de Louzán merecerían un «sen comentarios». No obstante, recordó que la Xunta financia parte de las obras y que, en consecuencia, tenía derecho a visitarlas. «Non podo comprender este tipo de problemas», dijo. Su segundo de a bordo, Luis Bará, calificó lo sucedido de «rabieta infantil». Y llegó el esperado y temido encuentro de la tarde en las obras del Museo. Louzán, cosa rara en él, llegó diez minutos antes. La conselleira hizo acto de presencia flanqueada por el alcalde, Miguel Fernández Lores. A todos les dieron un casco para protegerse -de la obra- y, en esto, algún rayo milagroso tornó en besos los agravios de la mañana. Bugallo besó a Louzán, Lores a Teresa Pedrosa y, seguidamente, hicieron lo propio sus respectivos séquitos y escuderos. Luego, se internaron por un mar de columnas de hormigón y el clímax dio pie incluso a Louzán para pedirle a Bugallo dinero para el equipamiento interior del edificio. Ella, algo esquiva, le dijo que ya se vería en el 2007. En el 2006, nada de nada. «No se ha disculpado», decían los de la Diputación a la salida. La conselleira, a su vez, no quiso entrar en honduras y explicar por qué no había pedido permiso. Prefirió conservar el nuevo espíritu, camino de Rei Zentolo.