Otra energía es posible

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El aprovechamiento de la biomasa se presenta como alternativa al petróleo

18 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Hasta que se introdujo el carbón como fuente de energía, el hombre utilizaba fundamentalmente la biomasa para cubrir sus necesidades de calor e iluminación. Hoy, cuando además del carbón aparecen el petróleo o el gas natural como principales fuentes energéticas, en los países en desarrollo, millones de personas siguen dependiendo de esta transformación directa de la biomasa para atender sus necesidades más básicas, como cocinar o calentarse. Sin embargo, la tecnología actual permite otras aplicaciones de la biomasa que van mucho más lejos y que hacen de ésta una alternativa más ecológica y, en muchos casos, más fiable en lo que respecta a su futuro. Tanto que países como España se han embarcado en una campaña para duplicar antes del 2010 su producción de energía generada a partir de biomasa, que en la actualidad apenas en un 3% del total de la que se produce y se consume en el país. La gran variedad de materiales que componen la biomasa permite aplicaciones muy distintas, que varían según el tratamiento previo al que se la someta. La más sencilla es utilizar la biomasa como combustible en los hogares. En los últimos años han ido apareciendo equipos cada vez más eficientes que queman briquetas de madera o los llamados pellets, que consisten en madera triturada y compactada. También puede alimentar calderas para calefacción de centros públicos o comunidades de vecinos o destinarse a usos industriales en secaderos, calderas, u hornos cerámicos. Una instalación de calefacción de este tipo cuesta un 30% más que una de gasóleo o de carbón, pero el alto coste de estos combustibles, y lo que se prevé que sigan subiendo, hacen que una caldera que consuma biomasa se amortice en un plazo de tres años, según los expertos. Electricidad Con la biomasa también se puede generar electricidad, para lo cual se utilizan dos técnicas. La combustión, que consiste en quemar materiales leñosos, paja o cultivos energéticos. Con la tecnología actual, se obtienen rendimientos que pueden llegar al 30%, y potencias de generación eléctrica de hasta 50 megawatios. La electricidad obtenida puede utilizarse en aplicaciones aisladas o volcarse a la red. La segunda opción es la gasificación: a partir de la fermentación natural de determinados materiales (por ejemplo, las basuras de un vertedero) se produce biogás, que es canalizado hasta una central térmica próxima, donde se transforma en energía eléctrica que, a su vez, puede conectarse a la red general eléctrica. Por último, la biomasa también permite la elaboración de combustibles limpios, como el biodiesel, que se utiliza como complemento o sustituto del gasoil, y se obtiene a partir del aceite de materias oleaginosas y de los aceites alimentarios usados.