Reportaje | Dos visiones de un edificio emblemático Una de las dueñas históricas de «Villa Pilar» acusa al Colegio de Arquitectos de ignorarla en el homenaje que se le rindió a la casa, y de falsear datos sobre su diseñador
05 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A veces, las casas con carácter se convienten en el centro de la vida de sus dueños. Algo así ocurre con Villa Pilar, el edificio centenario al que este año el Colegio de Arquitectos de Pontevedra, que tiene allí su sede, ha dedicado su Día Mundial. La dueña de parte de la construcción, Ana Marín, ha reaccionado con disgusto ante el homenaje: la casa lo merece, dice, pero las formas no le han gustado un pelo. Ana Martín es sobrina bisnieta de Manuel Martínez Bautista, el hombre que promovió la construcción de la casa a finales del XIX. Ella y sus hijas ocupan el tercer piso; su cuñada y la familia, el primero; y el Colegio, la planta que hay en medio. Y la relación entre las propietarias históricas y los inquilinos del segundo no parece buena: Martín los acusó en Radio Voz de no haber hablado con ella para el homenaje, de haber falseado datos e incluso de haber echado abajo una pared. «Fue muy desagradable», cuenta. El lunes, cuando el Colegio hizo su homenaje, con visita guiada por sus instalaciones, había fallecido la madre de su yerno. «Yo les dije [a los colegiados] que por favor nos dejaran en paz, que tenía que ir a La Coruña al entierro. Y ¿qué clase de homenaje se ha hecho, si estaban mi piso y el de mi cuñada cerrados, porque no estábamos? ¡Lo lógico es que se avise a los verdaderos propietarios!». Porque Martín tiene muy claro quiénes son los dueños de Villa Pilar, y habla con vehemencia de «esos señores alquilados» que «ni pinchan ni cortan», los colegiados. La planta que ocupan es de la Hermandad de Arquitectos, con sede en Madrid, y el Colegio paga cada mes «ciento y pico mil pesetas». «No me ha molestado el homenaje -cuenta Martín-, porque es la casa más bonita de Pontevedra». Pero sí le han dolido lo que considera «mentiras». Autoría La primera es la de la autoría. El Colegio ha mantenido, en sus notas de prensa, que Villa Pilar fue obra de Antonio Crespo -que hizo unos anteproyectos bien distintos al resultado final-, aunque durante el homenaje se apuntó la posibilidad de que hubiese sido un arquitecto de ultramar el diseñador. «Yo soy la que tiene todos los documentos -dice Martín, y no sabemos quién fue». Algunos parientes suyos de la época, dice, pudieron estar detrás de la obra, pues eran ingenieros. Tampoco ha gustado a la propietaria de la tercera planta que en el homenaje se dijera que, para ese tipo de construcción, las habitaciones eran pequeñas: «¡Es una casa de casi 300 metros cuadrados, y tengo un techo de 4,70 metros!», explica, enfadada. La casa centenaria, que a buen seguro ha ocupado mucho tiempo en su vida, ha adquirido una actualidad inesperada.