Tomate indigesto para Norma

La Voz

PONTEVEDRA

Praza da Ferrería

28 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Pasar ayer por la calle Benito Corbal era peor que hacerlo en un día de batalla de flores. ¿Un político?, ¿Quizás un deportista?... La presencia de Norma Duval en Pontevedra para inaugurar un local de ropa marcó un antes y un después. El acto estaba programado para las 17 horas y la vedette se hizo esperar, llegando 50 minutos tarde a la cita. La espera fue tensa. Que se lo pregunten a las mujeres que hicieron cola a las puertas del establecimiento. La llegada de Teresa Casal levantó la furia de las allí congregadas. A ella la dejaron pasar antes. Cualquier cola se convierte siempre en un buen lugar para hacer amistades. Las conversaciones que allí hubo no tienen precio. «Yo sólo vengo para ver si veo a los del Tomate», o «menos mal que estoy grabando Pasión de Gavilanes» fueron algunas de las perlas de la tarde. En un momento, los murmullos se hicieron más fuertes. Normal Duval acababa de llegar. Traje de falda y chaqueta en tonalidades grises, y bolso negro, of course, de Loewe. Una de las señoras que la esperaban le dio su particular bienvenida: «Estuve en la tienda de Barcelona, pero me reservé porque sabía que también la abrirían aquí»... «Muy bien», fue la única respuesta de la vedette. No estábamos en las rebajas de los almacenes londinenses de Harrods, ni en los outlets madrileños, ni tampoco en el Soho. Pero seguramente había ayer más gente esperando a Norma Duval. Simplemente ?eresa Dentro del establecimiento, estoicamente aguantó Teresa Casal, que fue la encargada de recibir a Norma Duval en la ciudad. «Sólo faltaba la tienda en Pontevedra y ya está aquí», afirmó la representante del gobierno local, que parecía que no sabía muy bien qué hacía allí. Los siguientes en pasar fueron los periodistas, a los que no se les permitió hacer ninguna pregunta. «Sólo va a hacer un posado y nada más», espetó la jefa de prensa. «¿Traéis un foco para grabar? Es que la luz subliminal es muy mala». Qué quieren que les diga, yo sólo conozco la luz cenital... A las seis de la tarde, las puertas del establecimiento se abrieron. Muchas personas tuvieron que aguardar allí una larga cola para conseguir su autógrafo. La presencia de un famoso, siempre tiene tirón, pero la llegada de un reportero del Tomate causó casi más expectación que la estrella invitada. Los televisivos también se hicieron esperar, pero causaron algunas simpatías más. Ellos se colaron en el local con la gente de la calle, intentaron hacer preguntas e incluso varias personas los metieron en la cola. Los miembros de seguridad lo tenían claro: «No pueden estar aquí». Y eso motivó los gritos de la gente: «¡Tomate, Tomate!» Una espontánea se erigió como su más fiel seguidora, defendiéndolos hasta el último minuto: «Yo sólo he venido aquí a ver a los del Tomate». Pero ella, como los demás, aguardaba su turno para tener un autógrafo.