Reportaje | Un cómico belga en la ciudad Rudi Vanminsel lleva desde los años ochenta vagando con su espectáculo por las plazas de Europa. En el 2004 se instaló en Pontevedra, donde se manifiesta encantado
27 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Rudi es un belga de 43 años que se autodefine como alguien «muy tímido y tranquilo pero que, cuando hace de payaso, se transforma». «Si todo va bien y logro conectar con el público -añade-, me siento como en un sueño». Largo, muy largo, así es Rudi. Lleva un año viviendo en Pontevedra y, a principios de agosto, se casó con María, una ceramista de la ciudad: «Mi gran amor», concreta. Pero, para conocerlo a fondo, mejor volver a los Países Bajos en los 80. Su primer trabajo fue el de profesor. Una ocupación que, después de ocho años, decidió abandonar: «Me gustaban los niños, pero no la rutina de ir todos los días al mismo lugar a la misma hora». Después de realizar cursos de teatro, director de escena y mimo, comenzó a actuar por la parte flamenca de Bélgica. Pero tras conocer a una irlandesa, volvió a dejarlo todo para marcharse con ella a la isla. Allí permaneció ocho años. El primero, de adaptación, para aprender la cultura y el idioma. Luego trabajó como cuentacuentos en colegios y bibliotecas. «Encontré mucha gente con trabajos alternativos ya que, con el alto índice de desempleo, era el único modo de ganarse la vida», explica. Muchos de ellos eran artistas que reconoce que le influyeron enormemente. «En un momento dado -prosigue-, decidí irme a vivir solo a una pequeña isla al sur del país: Había cien personas, cinco coches y un tractor; aunque la mayor parte del tiempo no había nadie. Medité mucho. Tan sólo tenía que coger una silla, caminar diez metros y podía ver la puesta de sol en el Atlántico». Y, en ese contexto idílico, en el año 99, empezó a hacer «las cosas que siempre me habían dicho que no realizaría». Actitud que llegó acompañada de una revelación, las apariciones esporádicas en su mente de un payaso de cuerda (Clock-work-clown), «el primero que interpreté». Desde ese momento comenzó a viajar por Europa junto a su nuevo compañero. «Primavera y otoño estaba en España, verano en Escandinavia e invierno en Bélgica», comenta. Pronto adoptó un nuevo personaje, Rudie-Dudie, que describe como «un tío feliz, inocente y un poco inadaptado al que le gusta cualquier tipo de desafío». Una escena de una película -no recuerda el nombre- le aportó uno de sus principales distintivos: el paraguas. «En una noche lluviosa de Nueva York -añade-, un hombre de negocios camina cabizbajo, empapado y triste. De entre las sombras, surge un mimo con un paraguas aferrado a su mano. Se acerca y, como un ángel, lo protage hasta su casa». Pero tanto vagar tuvo sus consecuencias: «En 2004 me encontraba agotado. Siempre tuve el dinero justo para dormir bajo techo y comer bien. Sin embargo, me resultaba muy duro ver que durante el espectáculo estaba rodeado y la gente se reía conmigo pero, cuando terminaba, todos se iban mientras quedaba solo. Necesitaba instalarme». Y, por juegos del destino, lo hizo en Pontevedra. «Nunca pensé que en una ciudad tan pequeña fuera posible ganarme la vida, pero sí. Estoy encantado». Sus lugares favoritos para actuar: la Peregrina, la Ferrería o la Praza da Verdura. En todos sus espectáculos, siempre se da el mismo proceso: los niños se acercan, se sientan a su alrededor y, cuando ven que no hay peligro, lo hacen los adultos. «Niños y adultos son lo mismo, pero los mayores lo han olvidado». «¡Rudi! ¡Rudi!», gritan los críos que lo conocen. Si después de saber su historia quieren contratarle para alguna fiesta, pueden llamarle al 628??892??213.