EL VÓRTICE | O |
22 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.SEGURAMENTE LOS más jóvenes no tienen ni la más remota idea de un viejo programa de Televisión Española que, si no recuerdo mal, comenzaba con un coche estrellándose contra una roca en medio de la calzada. Al mismo conductor, posteriormente y ya tomadas todas las medidas de seguridad pertinentes, se le presentaba una segunda oportunidad y conseguía evitar el obstáculo. Ayer, sin ir más lejos, la imagen se volvió nítida en mi cabeza. Hay muchos duros de mollera que siguen circulando emulando a Manuel Fraga y su «la calle -sustituir por la carretera- es mía». En estos casos, estoy convencido, de nada valen recomendaciones, sanciones, amenazas o observar cómo son cada vez más los que por charlar por el móvil han perdido a familiares en la carretera. Cómo si no se explica que aún haya gente que, cual malarabarista circense, es capaz de hablar por un teléfono pegado a la oreja y agarrado con el hombro -nada de manos libres que es un gasto superfluo-, mientras que con sus manos mueve el volante y toma notas en un minúsculo papel. No, la imagen no es una escena de la última película de Jackie Chan. Es algo que muchos pudimos ver ayer en Pontevedra. Lamentablemente, en su caso, no habrá segunda oportunidad ni para él ni para los que se lleve por delante.