En directo | Campaña a pie de calle Dos comitivas electorales, comandadas por Ruiz Gallardón y Jesús Caldera, colisionaron y coleguearon ayer en pleno paseíllo electoral por el centro de la ciudad
07 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Calle de la Oliva, 19 horas. El ministro de Trabajo, Jesús Caldera y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, avanzan, trajeados de pies a cabeza y con 33 grados a la sombra, en direcciones opuestas. Van al frente de sendas comitivas electorales de PP y PSOE. Los populares se dirigen hacia la Herrería y los socialistas hacia García Camba. Poco a poco, los dos grupos se acercan y, a la altura de las galerías, llega un momento en que el choque es inevitable. Caldera y Gallardón se saludan, coleguean, intercambian propaganda, se mandan recuerdos para conocidos y, con ellos, todos los que les siguen. Alberto Núñez, Guillermo Meijón, Pilar Rojo, Antón Louro, García Lores, Teresa Pedrosa, todos se funden en un grupo por unos momentos y empiezan a tirarse picotadas. -¿Os hemos convencido ya, eh, ya? ¿Os hemos convencido, no?, pregunta Gallardón tras entregar un folleto del PP. -Necesitarías por lo menos cinco minutos más, le contestan desde el lado del PSOE. Caldera intenta entregar al alcalde aspirante a la Olimpiada una bolsa con un visible móvete. Núñez le comenta a Caldera que está un poco delgado. «La dura vida del Gobierno», responde el ministro. El titular de la cartera de Trabajo dice que hace aquí más calor que en Madrid y alguien aprovecha la ocasión para soltar que es que están «cambiando los tiempos». -Eso no va a ser así, contesta Pilar Rojo, que contraataca cantando a sus rivales las maravillas del futuro parque de Bora. Fue el momento cumbre de las comitivas de ayer. Antes, Caldera había batido el récord de paseo soso, prácticamente sin ningún saludo desde la Alameda a la plaza de la Verdura. Por el camino, hizo unas declaraciones para vender subidas de pensiones y, después de tomar una cerveza, se acercó por fin a un niño para saludarlo. -¡Qué preciosidad!, dijo el ministro bejarano apretándole el moflete de forma temerariamente hercúlea. Todo lo contrario ocurrió con Gallardón. Saludó a cuantas señoras le salieron al paso, pese a que muchas no tenían muy claras sus atribuciones. -¿Qué hace aquí el presifdente de Madrid?, dijo una señora. -Qué va, es el alcalde de Pontevedra, le contestó otra más informada. Por saludar, Gallardón llegó a utilizar la táctica del lazo. Al ver un comercio sospechosamente vacío, entró, abrió la puerta del almacén y sacó de dentro a dos dependientas. No se iban a quedar sin la pertinente propaganda.