Comentario | Teatro «Pequeños crímenes conyugales»
01 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La Obra Sociocultural de Caixanova ha auspiciado una nueva función teatral en el Auditorio del Lérez, protagonizada por los populares actores Amparo Larrañaga y Jorge Sanz; los cuales, bajo la dirección de Tamzin Townsend, han escenificado la obra de Eric-Emmanuel Schmitt Pequeños crímenes conyugales: un texto enmarcado en torno a la pareja humana que recorre los géneros del drama y la intriga, aderezados con una buena dosis de comedia. Se trata de una obra eterna y siempre actual, en la que afloran infinidad de situaciones y problemas de la pareja. Escrita con un lenguaje sencillo y moderno, pone sobre el tapete discrepancias y desavenencias, amén de puntos en común; el amor y el desamor, el sexo... de un matrimonio de nuestros días, formado por Carla (Amparo Larrañaga) y Alejandro (Jorge Sanz), escritor de novelas policíacas. Todo comienza cuando ambos regresan a casa, tras el internamiento de Alejandro en un sanatorio a causa de un problema de amnesia sufrido a consecuencia de un golpe propinado por su mujer. Amnesia inexistente, como confiesa el marido hacia el final de la obra: «Yo nunca perdí la memoria. Lo hice para saber el motivo por el cual no funcionaba lo nuestro». Pese a ello, Alejandro al llegar a casa pronuncia frases como las siguientes: «Yo soy un perfecto desconocido, incluso para mí», «Es muy duro tener que creer a los demás para reconocerse uno mismo». O cuando dialoga con su mujer: «¡Dónde dormiré!», «En la habitación de invitados»; «¡Ah, pero tenemos habitación de invitados!», «Sí, y con una cama para imprevistos»; «¡Ah, luego yo soy un imprevisto!». Diez años de un matrimonio joven en los que la rutina, el tedio, el hastío (sobre todo por la parte femenina) llevan a los reproches, los celos, el alcohol, a la «violencia de 10 años de vida en común», dice ella; como también, Carla, en boca de su marido, parafrasea: «Un hombre tiene una amante para poder seguir con su esposa. Si una mujer tiene un amante es para abandonar a su marido». En definitiva: un auténtico mano a mano, un duelo entre dos personajes que se aman con pasión. Una puesta en escena aceptable, si descontamos lentitud en algunos pasajes y alguna descoordinación interpretativa (movimientos, inflexiones de voz...). El bello texto y la acción de la obra fué puesto en escena por unos Larrañaga y Sanz envarados, un tanto mecánicos en sus movimientos y algo faltos de flexibilidad y naturalidad; con un tono monótono y monocorde, con altibajos en la emisión sonora que, salvo las filas delanteras, no llegaban bien al público que llenaba hasta la bandera el aforo del auditorio. Por lo demás, una obra bien concebida y desarrollada por parte de su autor, con un buen diseño de luz y la curiosa transparencia de la pared, respecto al pasillo posterior. No obstante, nutridos aplausos rubricaron la culminación estos Pequeños crímenes conyugales.