Crónica | O Grove rinde homenaje al profesor Vázquez Hereder Durante muchos años, Don Ángel dio clase en la escuela de San Vicente. Ayer, el viejo edificio, reconvertido en casa de cultura, fue bautizado con su nombre
10 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?o es lo mismo San Vicente do Mar que San Vicente do Grove. El primero es una urbanización turística levantada a pie de playa. El segundo presume de ser una aldea que, como todas las aldeas, se ha ido adaptando a los tiempos. Antes, allí había una escuela pequeña y un maestro, Don Ángel. Esa escuela se ha transformado en una casa de cultura que ayer se llenó hasta la bandera para homenajear al ahora anciano profesor. Él no pudo acudir al acto: su avanzada edad lo apartó de sus antiguos alumnos. Se quedó en su casa, acompañando a su mujer, que está delicada de salud. Su hija y sus nietas se encargarían después de contarle, punto por punto, todo lo que de él se había dicho en el edificio que ayer fue oficialmente bautizado con su nombre: Ángel Vázquez Hereder. Ese bautizo, junto con el nombramiento del maestro y su mujer como hijos predilectos de O Grove, fueron dos de los pilares del homenaje que la parroquia de San Vicente le quiso rendir. ¿Qué había hecho Don Ángel para merecer todo ello? Uno de sus alumnos de pantalones cortos, ahora convertido en abogado, lo resumió diciendo que «era un home bo». Un hombre bueno y sabio que no escatimaba su ayuda a nadie. Que se implicaba en todo lo que pudiese afectar a sus vecinos. Y que todos los jueves por la tarde hacía que sus alumnos repasasen la tabla de multiplicar. El afecto atesorado durante años por Ángel Vázquez Hereder cristalizó ayer en un emotivo acto en el que muchos de quienes lo han tratado glosaron la figura de ese hombre bueno. Y modesto. Esa modestia que lo hizo famoso la ha transmitido a su hija, y ésta a sus nietas. Emocionadas, las tres mujeres se subieron al estrado para decir que aquel tenía que ser un homenaje a todo un pueblo empeñado en modernizarse y en crecer. Un pueblo al que quisieron devolver un poco de afecto: la nieta escritora del maestro dejó de recuerdo en la casa de cultura algunos de sus libros. La otra nieta, la artista, legó un grabado relacionado con la parroquia en la que habían transcurrido los veranos de su infancia. Cuando se fueron, las tres se llevaron una copia del libro Toda unha vida , un repaso fotográfico el San Vicente do Grove durante el pasado siglo. «Un álbum colectivo», como decían algunos.