Análisis | Diferentes fórmulas de gestión de los festejos gastronómicos El fin de todas las celebraciones que pasan por el estómago es que el producto ensalzado funcione como embajador del lugar. Hacer viajar la enchenta tiene resultados dispares
05 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?o hay enchenta en Galiciad en la que falten comensales. Eso lo tienen claro todos los alcaldes gallegos que, cada uno desde su feudo particular, promueven desde el amor a los callos o la fabada a la entrega incondicional al pulpo o la empanada. Pero antes de que esta fiebre de papatorias regase la comunidad, y uno pueda encontrarse hasta un evento especialmente dedicado a las sardinas en lata, hubo varios concellos que montaron sus fiestas: son las clásicas. Entre ellas está la Festa do Marisco do Grove, la Festa do Albariño de Cambados y la Feira do Cocido de Lalín. En cualquiera de estos tres festejos, pase lo que pase -en la última edición del evento grovense se cruzó un temporal de agua y viento por el medio-, la asistencia es multitudinaria. Los tres ayuntamientos tienen, por tanto, el primer mandamiento cumplido: que la gente acuda la cita. El siguiente reto, que se les lleva planteando desde hace años, es que el producto ensalzado funcione como embajador turístico en todas partes. Y aquí están las diferencias de gestión de unos y otros municipios. En O Grove, los intentos de llevar la fiesta a otros lugares nacieron todos preñados de polémica, a excepción de la sencilla presentación del evento que cada año rota de lugar. En el único caso en el que el Concello se sumergió de lleno en esta misión fue en Alcobendas, y la experiencia no resultó del todo mala aunque no tuvo un final feliz. Escaldado por este episodio, el gobierno de Pérez no volvió a viajar con la fiesta fetiche de O Grove. Sí lo hicieron las empresas privadas: desde hace un año, Dismarga riega de jornadas de exaltación del marisco toda España y ahora son los propios proveedores del festejo grovense quienes intentan hacer lo mismo en Alcalá de Henares. ¿Cuál es el fallo? Tanto la iniciativa de Dismarga como la que ahora nace no cuentan con el visto bueno ni del Concello ni de sectores claves de la promoción turística así que, aunque vende el producto meco, es relativo que funcione como embajador del municipio y que, cuando en Valladolid, Barcelona o Alcobendas coman marisco sepan que es, en su mayoría, de O Grove. El cocido exterior Esa meta parecen haberla alcanzado mejor en Lalín, donde el Concello está totamente bregado en la exportación de la Festa do Cocido. El regidor, Xosé Crespo, no cesa de repetir que «Cocido e Lalín son sinónimos e indisolubles» y razón no le falta para decirlo porque la Festa do Cocido de Lalín -esta sí lleva el sello del municipio- se celebró en Venezuela, Alemania, Canarias y varios municipios del Camino de Santiago. Los lalinenses han encontrado en la colectividad emigrante el mejor filón. En Venezuela, por ejemplo, los numerosos gallegos afincados allí pagaron 30 euros por un cocido. Con estas exportaciones que hace el Concello, se frena también que la iniciativa privada camine por su cuenta. Caso distinto es el de Cambados. La Festa do Albariño tampoco se exporta ni a través del Concello ni a través de empresas privadas -se hacen pequeñas presentaciones para los medios de comunicación y los sectores profesionales- y, por el momento, la idiosincrasia de la fiesta reza que debe estar pegada a su cuna, Cambados. Los únicos «hijos» que le han salido son los festejos del albariño que se celebran en la comarca y que, obligatoriamente, han tenido que buscar otro filón como la gastronomía o el vino de autor para salir adelante.