Arte en la pared y sobre el plato

La Voz

PONTEVEDRA

ALBERTE MACEIRA

Praza da Ferrería La Tapería La Chata combina la exposición de la polaca Tamara De Lempicka con dos recetas típicas del país del Este. Xavier Dopazo abre una muestra en Sargadelos

05 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Para deleite de la vista y el paladar. Las imágenes de varias obras de la diva del Art Decó, Tamara De Lempicka, cuelgan desde hace unos días de la Tapería La Chata, en la plaza de Curros Enríquez. Y es que el local ha querido añadir a su ya sabrosa carta un nuevo aliciente con el que los clientes puedan disfrutar más de las comidas o cenas. La de Lempicka es la primera de las exposiciones que ocupan las fotografías retroiluminadas del restaurante -en total, hay siete- y que evocan el mejor y más glamuroso ambiente parisino de los años veinte. Pero para que arte y gastronomía vayan unidos, la carta de los fines de semana incorpora, mientras dura la muestra, un entrante y un postre típicos de Polonia, a los que los responsables del local han denominado, respectivamente, La bella polaca y Dulce Lempicka. Según explica uno de los propietarios, Alberto Martínez, «la idea era hacer algo nuevo, salirnos de lo normal». «Queríamos acercar un poco el arte a la gente y, a la vez, también aprovechar para dar a conocer las recetas de otras zonas -señala Martínez-. Hay que romper un poco los moldes». Tamara De Lempicka (1898-1980) está considerada uno de los mitos del arte. La artista polaca simbolizó como pocos la época de entreguerras: libre, ambigua, representante de la bohemia del barrio parisino Mont Parnasse... Perteneció a la élite o jet set de su tiempo, algo que alcanzó tras contraer segundas nupcias con el barón Kuffner. Previamente, había llegado a París en 1923 huyendo del bolchevismo, junto a su primer marido. En 1939 marchó con su segundo esposo a América huyendo de la guerra en Europa y comienza a vivir en Nueva York, convirtiéndose en el epicentro de la clase social más alta y elegante. Ella misma definió su estilo: «yo fui -señaló- la primera mujer en pintar con éxito. Entre cientos de cuadros diferentes, se puede reconocer el mío de inmediato. Y las galerías comenzaron a exponer mis cuadros en los mejores salones, siempre en el centro, pues mi pintura atraía. Era clara, acabada...». Otro artista, en este caso pontevedrés y con un estilo muy diferente, Xavier Dopazo, inauguró ayer por la tarde una nueva exposición de sus últimos trabajos en pintura en la galería Sargadelos. Se trata de treinta obras de óleo y acrílico sobre temática gallega que acaban de ser expuestas en A Coruña y que Dopazo llevará luego a Oporto.