En directo | Noche de resistencia en A Estrada El cumplimiento estricto de los horarios de los locales provocó una respuesta contundente de los noctámbulos, que tomaron las calles en señal de protesta.
06 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Cuatro de la mañana. Contra todo pronóstico, los pubs estradenses cumplen a rajatabla los nuevos horarios de cierre y echan a la calle a una marea de festeiros sin la menor intención de batirse en retirada. Los estradenses buscan desesperados un local «amigo» para tomarle la penúltima y dilatar la vuelta a casa. Saben por experiencia que hay pubs que coleccionan multas y buscan refugio del frío en los infractores habituales. Pero esta vez no. Todos los hosteleros locales han respetado el acuerdo y no hay un sólo pub abierto en todo el casco urbano. Los noctámbulos comentan la catástrofe. El termómetro recomienda ponerse a cubierto, pero el alcohol calienta la sangre y los juerguistas toman las calles. En la plaza de la Farola empiezan a concentrase las primeras peñas de resistencia. Las pandillas que pasan por ella se quedan a intercambiar lamentos. En poco tiempo, las aceras se hacen pequeñas y la multitud empieza a hacer uso de la carretera. Algunos toman incluso la rotonda. En ese momento, convertir las flores en felpudo no es un inconveniente. Los grupos se hacen marea humana y el ambiente se caldea. Los coches que intentan atravesar la zona tienen que pisar el freno. Los más solidarios aparcan, abren las puertas y ponen música discotequera sin escatimar decibelios. De repente caen del cielo unas botellas de whisky para atajar los rigores del invierno. Algunos beben a morro. Otros consiguen vasos para hacer la mezcla. Los pubs están cerrados a cal y canto, pero la juerga se monta en plena calle. El alcohol y el rechazo a los recortes horarios hacen el resto. Dos coches derrapan en mitad de la plaza. «Xa temos Fórmula 1 en directo», comentan los más serenos. De repente, del maletero de uno de los vehículos sale un joven con una botella. La plaza está animadísima. Hay al menos doscientos jóvenes. Alguien arrastra hasta el centro un par de contenedores. Primero sirven de plataforma de baile. Después de timbales improvisados. La Farola parece el barrio de Candeal. Percusionistas no faltan y el mobiliario urbano también suena. Las pandillas se arrancan sin complejos con la Samba da Bahía. Los vecinos no pueden conciliar el sueño y salen a las ventanas para presenciar la escena. Algunos hacen fotos para tener pruebas de la fiesta. En mitad de la juerga aparece la policía. Dos patrullas de Policía Local, tres de Guardia Civil y algunos agentes de paisano que habían estado vigilando los horarios de cierre. El desenlace era inevitable. «Mucha policía, poca diversión», «El que no bote Policía Nacional» y otras consignas por el estilo inundan el ambiente. Los agentes se mantienen al margen un rato y luego empiezan a identificar individuos. Más de veinte jóvenes tuvieron que enseñar el carné. Detenciones no hubo, pero la vigilancia policial aguó la fiesta. En las calles próximas se quemaron tres contenedores y se derribaron dos señales. Un coche embistió la rotonda de las Colonias y dos jóvenes de Callobre acabaron en el hospital de Santiago. Uno con un corte en la rodilla, otro con el tabique nasal roto. En la plaza de la Farola, cuando la euforia general fue decayendo, el frío empezó a notarse en los huesos. No hicieron falta porras ni esposas. Alrededor de las siete, la fiesta estaba disuelta.