Reportaje | La fiesta en Cobres Estos días Vilaboa destila tradición y originalidad. Madamas, galáns, danzas, juegos ancestrales hacen de estas fiestas algo único en toda la comunidad gallega
07 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Tradición. Originalidad. Los epítetos se repiten una y otra vez al hablar de este acontecimiento. El entroido de Vilaboa suscita la admiración de quien lo ve, de quien lo disfruta. Un carnaval sin máscaras, un carnaval de disfraces muy elaborados que se remonta al siglo XVIII. Señoras y señores, madamas e galáns, bailes en los que la elegancia desborda... Es el Entroido de Cobres. Cada uno de los actos del carnaval tienen el sabor de las tradiciones bien conservadas. Todo huele a original, todo fuera de lo común. Nada aquí es corriente. Ritos, danzas, juegos. Cuando don Carnal hizo una parada en Vilaboa se explayó. Poco parecido hay en este entroido con el de los alrededores. Hay que enmarcarlo en un grupo junto a los ourensanos de Laza o Xinzo de Limia, por lo que tienen de ancestrales, de radicales, de esenciales. El hilo conductor lo marcarn las madamas y los galáns, con sus ropajes coloristas, con la manera en que interpretan las danzas, siempre con la cara descubierta. Lo más llamativo de su atuendo lo componen sus elaborados sombreros o tocados, que llegan a pesar hasta siete kilos. Más pesados los de ellas, con más adornos y más complejos; más livianos los de ellos. El sábado de entroido empezaron con su periplo ritual. Domingo, lunes, por la mañana, por la tarde... Todo el concello se vuelca, aunque el núcleo lo componen las parroquias de Santa Cristina y San Adrián de Cobres. Madamas y galáns las recorren bailando, al son de la gaita, al ritmo de jotas o muiñeiras, la danza dos cobres... puerta a puerta. Si alguno de los vecinos está indispuesto y no puede salir a ver las danzas, incluso una pareja, una madama y un galán puede entrar en su casa, para que no deje de sentir la fiesta. La costumbre indica que hay que darle un donativo a los bailarines, y si este es lo suficientemente importante, queman fuegos en su honor, más cuanto mayor sea la dádiva. La implicación de los vecinos siempre es máxima, y es lo que se persigue, que todo el mundo participe para que las tradiciones se mantengan año tras año. Al final, eso es lo que sucede. El gallo Pero el día grande es hoy. Como cualquier lugar que se precie de hacer del entroido un día especial, el martes de carnaval es fiesta en Vilaboa. Hoy se celebra la ancestral corrida del galo. El lugar de encuentro es Riomaior. El comienzo debe esperar a que lleguen madamas y galáns de su recorrido por las parroquias. A primera hora de la tarde entrarán al recinto de Riomaior. El galo es el rey, es el premio de los diferentes juegos que se suceden durante la jornada. Algunos de ellos tienen parientes similares por otros lugares, pero la corrida no tiene parangón. En el origen se trataba de conseguir capturar el mejor gallo del concello, previamente seleccionado por los más viejos del lugar, que lo custodiaban con celo, con la cara tapada y armados con palos, semienterrado en un agujero del corral. Hoy ya no es un gallo, sino un saco que los jóvenes deben atrapar sin recibir ningún golpe. Con este rito se pone fin a un entroido que no puede dejarse de ir a ver.