El Quijote escribe el carnaval

María Conde PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

En directo | El desfile, paso a paso El personaje de Cervantes se convierte en protagonista de un desfile más global que local, aunque el AVE, el Pontevedra o el caos de Urgencias tuvieron su sitio

05 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

A un día gélido y gris, Pontevedra volvió a responder con color. Ya lo decía Georgie Dann en la canción que abría ayer el desfile de grupos y comparsas: «levanta la moral, levanta la moral». Pero vamos, no hacía mucha falta. Los pontevedreses demostraron en el multitudinario desfile -tardó más de una hora en llegar del puente de los Tirantes a Benito Corbal- que les gustan más los temas globales que locales. Y si algo es universal es la obra cumbre de Cervantes. El cuarto centenario del Quijote estuvo presente en los montajes de varios grupos y en todos con acierto. No sólo Urco rindió homenaje al viejo hidalgo en la carroza inicial. En otras dos los ciudadanos de La Mancha bailaban al son de la conocida canción de la vieja serie televisiva -en uno de ellos se rendía homenaje a Dulcinea la Fogosa-, mientras que otros pequeños molinos combatían el viento a pie, acompañados de una pluma y un tintero y de un libro a medio escribir. Las infraestructuras que no llegan, como el AVE Pontevedra-Madrí y las incluidas en el Plan Jalisia, fueron el objeto de la parodia más local. Claro que es normal que no lleguen, porque ni los angenieros y los topójrafos se ponían de acuerdo en el diseño de las vías, que portaban sufridos obreros al son del tren de Andrés Dobarro. Un enfermo negándose a ser atendido y un herido en una cama rodeado de médicos demostraron que el caos de Urgencias del Complejo Hospitalario es un tema a debatir año tras año. Y aquellos que pusieron el grito en el cielo cuando el gobierno del BNG retiró del programa de la Peregrina la elección de la reina de las fiestas, ya pueden respirar tranquilos. Ayer regresó con su corte en una pequeña carroza para dedicarnos una sonrisa. No faltó la comida, desde ricos y pequeños conguitos a los bombones Chorrera Roxé a Carpanta y su gigantesca barra de pan. También se encontraron finalmente las armas de destrucción más IVA, custodiadas en la retaguardia por Bush y Aznar, amiguiños para sempre. El Papa demostró que a pesar de su estado de salud -fue acompañado de un enfermero-, podía desfilar en silla de ruedas, y Fraga repartió viagra en lugar de condones. Por lo demás, los yankis demostraron su buen gusto a la hora de vestir y desfilar, junto a un grupo de burgueses venidos de Francia. Incluso los mexicanos de una comparsa se atrevieron con la samba. Lo dicho, mucho ritmo y moral.