Mala audición

Lepoldo Centeno

PONTEVEDRA

Comentario | «Con las alas cortadas»

28 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando aún no se ha extinguido el eco del sonido de la Orquesta de Ankara, Caixanova ha vuelto a tomar el ritmo de su actividad cultural con una nueva representación teatral. Nos referimos a la obra Con las alas cortadas de John Godber que, sobre adaptación y dirección de Ana Diosdado, han protagonizado Blanca Marsillach y Juan Gea. La obra se basa en el auténtico anticonformismo de muchas parejas. Algo que observamos a nuestro alrededor. Las gentes quieren volar a su aire pero, con las alas cortadas, son incapaces de remontar el vuelo. Una joven pareja inglesa enamorada, tiene sus frustaciones. Entonces surgen los reproches, los dimes y diretes. «El no a todo» (como dijo Bet, la esposa) o «En casita recomponiéndonos, esperando el milagro» (en frase de la propia Bet). En definitiva: una obra en la que el hastío, el aburrimiento, el tedio, la rutina, la monotonía, los altibajos de la pareja que llevaba diez años casada, eran manifiestos; algo que, finalmente, han contagiado al público; porque, en un teatro de palabras, en una obra teatral escrita para dos personajes o, de una manera especial, en un monólogo, lo que realmente importa es lo que están diciendo los actores y cómo lo dicen. El decorado, el vestuario, los efectos especiales o la música, son un coadjuvante y valioso medio para reforzar el texto de una pieza teatral. Lo que no es de recibo es que la compañía se desplace con un equipo de sonido solamente para la música o los efectos especiales, que lo hacen perfectamente audibles, y luego la voz, lo que cuenta de verdad: a pelo, sin amplificar; máxime en una sala que no está diseñada exclusivamente para teatro, sino que es un auditorio multiusos donde la forma arquitectónica no es la mas adecuada para propagar la voz en directo con la suficiente amplitud y claridad para que el público pueda disfrutar y deleitarse escuchando un texto teatral, que es a lo que va; especialmente en un «teatro de palabras». Algo que hemos dicho y repetido hasta la saciedad. Entretenida Por lo demás, la obra resultó entretenida y bien desarrollada, pese a la lentitud inicial; con vigencia y actualidad; aceptablemente interpretada por Blanca Marsillach, en el papel de la joven esposa, Bet y por Juan Gea, como Al, su marido; los cuales demostraron tablas. Suavizándose la tensión del matrimonio, en la segunda parte, con motivo de su viaje a París, producto de un concurso televisivo. El mencionado y repetido tema de la escasa audición de las palabras de los actores, sobre todo cuando se hallan al fondo del escenario o de espalda al respetable o cuando hablan sotto voce, ha sido algo que, una vez finalizado el espectáculo, era el comentario general del público. ¡Lástima!, por ser algo perfectamente subsanable.