Praza da Ferrería Productos televisivos como los peluches de Los Lunnis destierran de las preferencias de los más pequeños a la neumática muñeca norteamericana en la noche de Reyes
04 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.«La Barbie ya no es lo que era». Con esta frase lapidaria, en la que se entierra al gran icono lúdico-sexual de la segunda mitad del siglo XX, se expresa una dependienta de la juguetería Chacón, una de las más tradicionales del centro de Pontevedra, acerca de las preferencias de los niños pontevedreses en sus cartas a los Reyes. Pese a que la tradicional reina de las Navidades aparece ahora destronada, lo que queda claro es que la mayor parte de los calcetines que hoy se tiendan a los Magos de Oriente aparecerán en la mañana del jueves repletos de objetos con amplia promoción televisiva. Los Lunnis, esos bichejos peludos que cada noche mandan a los chavales a la cama desde las emisiones de Televisión Española, son las nuevas prima donnas del día más agotador en lo económico del año. El modelo más demandado, cuentan en Chacón, vale unos 27 euros, y es capaz de cantar las canciones del programa matriz. Hay otros muñecos con la misma inspiración que cuestan entre 8 y 17 euros, y su aceptación ha sido enorme, tanto que, viendo cómo los padres se lanzan al estante en que se encuentran, da la impresión de que la deuda del Ente quedará liquidada antes del día 6. Otro de los juguetes que hacen furor en los pasillos atestados de los centros comerciales de la provincia es el busto maquillable de la gatita Serafina, paradigma de lo bien que se llevan con los animales esos tipos de metro escaso de estatura que esta semana se tragarán, de media, unos 200 euros en regalos. La Federación de Comercio pontevedresa calcula que, en conjunto, los ciudadanos de la provincia se gastarán en estas fechas unos 21 millones de euros. Una pasta, en definitiva. Marionetas televisivas, animales coquetos... y, de acuerdo, la Barbie. Pese a su aparente declive, la curvilínea musa del consumismo a la estadounidense sigue llevándose una buena tajada. «Lo que más se pide son las novedades de la temporada», explican en Chacón, atendiendo el teléfono con una mano y cobrando con la otra a la riada de clientes que les invade el local. Y si de novedades se trata, la empresa que fabrica a tan neumática muñeca, la americana Mattel, sabe Lepe: este año Barbie, según se dice, se ha liado con un surfista australiano de nombre Blaine, y, consiguientemente, se ha divorciado del Ken de la eterna sonrisa, así que los productos para una y para el otro se han duplicado. Los modelos que triunfan en estos días de frenesí son el crudo ejemplo de la sociedad de clases: de un lado triunfa la Barbie Princesa Annaelise, que cuesta unos 25 euros -la réplica masculina viene a valer lo mismo-; del otro, y la Barbie Erika Plebeya. Ni Bakunin lo habría explicado mejor. Para los más crecidos quedan los juegos de videoconsola, frecuentemente en entredicho por sus contenidos sexistas y violentos y su invitación al sedentarismo, o los clásicos Scalextric, este año remozados con un millón de gadgets para que uno se sienta el heredero moral de Carlos Sainz a cambio de 150 billetes del ala. Así que cualquiera le dice a su nómina eso de que un día es un día.