Comentario | Concierto de Amancio Prada
27 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El incomparable marco de la Real Basílica de Santa María la Mayor acogió un concierto de Amancio Prada, con la colaboración del coro de cámara Camerata Ad Líbitum, bajo el título genérico de Canciones del alma, con música del propio Amancio Prada, basado en textos de San Juan de la Cruz y Rosalía de Castro. A estas alturas, tratar de hablar o elogiar a Amancio Prada en su faceta artística, bien como intérprete o compositor, es obvio. En Canciones del alma, da la impresión de que sus composiciones e interpretación manan de forma natural y esponténea; sin embargo son fruto de una reflexión y una madurez laboriosa, son canciones salidas de su alma: de un alma sensible y sensitiva, de gran nobleza y sencillez, como lo es toda su persona (paciente, atento, incansable, concienzudo, caballeroso, humilde...), algo que hemos podido comprobar. La comunión mística de la letra con la espiritualidad, unción e interioridad de la música, es perfecta. Propia de ser interpretada en un templo, como así ha sido. Prada ha sabido conjugar, de forma admirable, su música con el texto. Prueba de ello, el baño de multitud que él y sus músicos, junto a la Camerata Ad Líbitum que dirige Julio Domínguez, se han dado en la Basílica de Santa María. Alrededor de dos mil personas, la mayoría de pie, han seguido su concierto con el mayor de los respetos, sin adelantarse en sus impulsos y aplaudiendo con toda efusión y calor. Tras unos breves minutos que Prada se tomó de descanso, el coro Ad Líbitum, con su director al frente, ofreció la Cantiga ¿Por qué choras miña prenda?, una bellísima adaptación a capella del propio Julio Domínguez. Luego, Amancio Prada continuó su recital con música sobre textos de Rosalía de Castro. El espacio que disponemos no nos permite referirnos a cada uno de los temas interpetados en el concierto, pero sí, con carácter general, diremos que se trata de unas composiciones exquisitas, de gran finura y delicadeza, al nivel de los poemas que las inspiraron, apoyadas en unos arreglos espléndidos, casi siempre arropados por sus excelentes músicos: Sacha Crisan y Hilary Fielding (chelos) y Cuco Pérez (acordeón) y otras veces conjuntamente con la Camerata Ad Líbitum, que le dieron mayor cuerpo y atmósfera. Concluido el amplio programa, Amancio Prada con su voz bien timbrada y colocada, ofreció cuatro bises: Carmiña, Carmela, Negra sombra de Juan Montes, Pandeirada no peito (Miudiño, a palo seco) y acompañándose con la zanfona una danza y Coplas de Caravel de caraveles. Transcurrida una hora de la finalización del concierto, Amancio Prada seguía repartiendo sonrisas, besos, firmando autógrafos, hablando y fotografiándose con sus admiradores. Un lujo de concierto.