Praza da Ferrería El pub pontevedrés La Fiesta de los Maniquíes acogió este domingo por la tarde una feria del disco que atrajo a multitud de aficionados y coleccionistas musicales
06 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.«Mami, son discos enormes y no los podemos llevar porque no caben en el aparato». La escena se produjo el domingo pasado en el pub La Fiesta de los Maniquies, en pleno casco histórico, cuando un niño de apenas unos siete años acababa de descubrir la existencia de los discos de vinilo mientras su madre agarraba tres obras musicales difíciles de encontrar en una tienda convencional. Por unas horas, el citado local de la zona monumental compaginó el servir bebidas con una feria del disco. Allí se dieron cita viandantes de paso, aficionados y coleccionistas a la búsqueda de la anhelada pieza. Manuel Otero, todo un experto en estas lides y encargado de uno de los puestos del mercadillo, resalta el hecho de que estos actos normalmente atraen a una gran amalgama de personas a diferencia de las grandes ferias de Madrid o Barcelona, que «son para un público más especializado». De este modo, la cita unió a personas a la búsqueda de una ganga -«habitualmente tenemos precios más bajos que una tienda convencional, siempre que no se trate de rarezas o discos difíciles de encontrar o descatalogados», matizó otro responsable del evento pontevedrés- con verdaderos melómanos y seguidores de las bandas clásicas, como Rolling Stones o The Beatles. Pero también los buscadores de lo inclasificable suelen dejarse caer por estas citas. Manuel Otero recuerda el caso de un cliente coruñés, «unha persoa xa maior», que llevaba años tratando de localizar el único sencillo en solitario de Pucho Boedo, el que fuera cantante de Los Tamara y que falleció en 1986. Por otro lado, este tipo de mercadillos sirve para constatar la vigencia del vinilo. Son muchos los que piensan, como Manuel Otero, que los discos de microsurcos siguen vivos y la creencia de que son cosa del pasado es, «máis ben, un invento dos medios de comunicación». De hecho, «cando sae un traballo ao mercado dun dos grandes sempre hai unha tirada en compacto e outra en vinilo, que lóxicamente esta última é máis curta que a primeira porque vai dirixida a un sector menos amplo da poboación». No obstante, Otero defiende que «o coleccionismo está e estará ligado sempre ao vinilo». Y sus razones no le faltan. Explica que sólo hay que pensar que este tipo de discos generalmente apenas sufren variaciones tanto si son editados en España, como en Estados Unidos o en Australia; mientras que en el caso de los compactos suele ocurrir que entre uno adquirido en Pontevedra y otro vendido en el Reino Unido existan variaciones en la portada, se altere el orden de las canciones o que se eliminen o añadan nuevos temas. Esta claro, puntualizó un ávido comprador, que a la hora de completar una colección en tecnología digital, la labor es una tarea de titanes, y más si se tiene en cuenta que las obras desechadas, de los directos y de las llamadas grabaciones piratas -otro de los grandes tótems de los fanáticos que no se debe confundir con el top manta- se comercializan hoy en día en formato digital.