Perfil | El visitante de O Grove Al igual que el evento gastronómico, los individuos a los que más le tiran los crustáceos han cumplido los 40 años, vienen en pandilla y proceden de Madrid y las comunidades norteñas
04 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Manolo nació en aquellos sesenta de los Beatles y el Seat Seiscientos dando rueda por los asfaltos. Tuvo una adolescencia entre el «América» de Nino Bravo y los tonos de los Brincos, entre la canción protesta y la voz de míticos como Cecilia o Black is Black. Se casó por la iglesia y tuvo a sus churumbeles bien jovencito, al tiempo que vivía la transición y luego el reino de la pana con Felipe González Ahora, ha cumplido los 40 y tantos. Lleva una vida confortable y no se resiste a uno de sus mayores placeres: venir a la fiesta del marisco, a este evento que, como él, vio la luz en 1963. Según los hoteles de la zona, así es el visitante prototipo de la Festa do Marisco. Un individuo o individua de cuarenta y tantas primaveras que acude en grupo a la cuchipanda. Sí, más allá de la excursión familiar, y teniendo en cuenta que sus hijos ya no están por la labor de sumarse al coche familiar y viajar mientras entonan un «vamos a contar mentiras tralalá», los visitantes se apuntan al evento en grupos organizados. Una excursión que a menudo programan las agencias y en la que tan sólo hay que ocuparse de disfrutar de las exquisiteces del mar. Además, vienen de lejos. Como bien afirma la responsable de un hotel, «son de comunidades a las que les gusta comer»: las norteñas. Desde el País Vasco, Asturias, Cantabria o Aragón se cuentan por centenares los visitantes que llegan hasta O Grove. En el puente del Pilar, no faltará hotel en el que no reinen las jotas aragonesas o se entone el «Asturies, patria querida», no en vano, sus vecinos tienen reservadas las habitaciones desde hace varias semanas o meses. Mención aparte merecen Madrid y Portugal. Tanto desde la ciudad del madroño como de los vecinos lusos, cada año hay una nutrida representación en la fiesta. Festivo en el país vecino El pasado fin de semana es un buen ejemplo del tirón de la fiesta entre los ciudadanos portugueses. Coincidiendo con un festivo en el país luso, la localidad grovense se inundó de gentes de las tierras del fado y el vino verde. Sus visitas lograron que, aunque no al 100%, la media de ocupación hotelera rebasase el 90% y en algunos casos se colgase el cartel de no hay habitaciones. Llegaron, precisamente, para los días en los que O Grove dedicaba su fiesta a Portugal. En el puente, habrá de Portugal, de Madrid y de todos los lados. Si algo tiene la fiesta, es que los que nacieron con ella no le fallan.