Nueve años en la brecha

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

El personaje | Relevo en la cofradía de pescadores de Bueu José Manuel Rosas se despide como patrón mayor alabando a los voluntarios que colaboraron altruistamente durante la catástrofe medioambiental del «Prestige»

28 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras ser nueve años el rostro de la cofradía de pescadores de Bueu, José Manuel Rosas cederá hoy el timón del pósito a Manuel Otero Otero, que ayer prefirió no realizar declaraciones hasta tomar oficialmente el cargo. Eso sí, confirmó que tiene previsto asistir el conselleiro de Pesca, Enrique López Veiga. A Rosas le tocó lidiar con uno de los mayores desastres a los que se ha enfrentado el sector en Galicia: la catástrofe ecológica del Prestige. Fueron tiempos duros, de los que siempre recordará una imagen: «Ver llorar a personas que tenía como referente de verdaderos lobos de mar». No cabe duda de que, como él mismo reconoce, fue el momento más negativo de la casi década que estuvo dirigiendo el pósito. Rotura de esquemas El hundimiento del petrolero le rompió «todos los esquemas como ser humano», pero como contrapartida le dejó una gran demostración de solidaridad. En su última reunión al frente de la cofradía de Bueu, alabó «la labor de miles de personas que nos acompañaron en la desgracia». Y es que el Prestige vino acompañado por uno de los instantes más gratos de estos últimos nueve años. El recuerdo del trabajo de los miles de voluntarios siempre estará presente, ya no sólo en la vida de José Manuel Rosas, sino en el de toda Galicia. No podía ser de otra manera, en su alocución se refirió a ellos manifestando que «tienen un pueblo y un puerto amigo y hermano». No fue este el único momento crítico del sector que vivió en primera persona. Rosas fue uno de los que representaron a las cofradías gallegas en el transcurso de la elaboración de la llamada Ley de Sanciones. Manifestó su total apoyo a que los pósitos participasen en el debate de esta normativa, aunque advirtió que tendrá que pasar «bastante tiempo» para que la pesca alcance en la ría de Pontevedra, y por extensión en Galicia, un nivel óptimo de desarrollo y estabilidad. Tras tales avatares, Rosas sintió que ya había cumplido en la cofradía. De nada sirvieron las voces que le pidieron que se presentara a las elecciones. A diferencia de lo ocurrido en 1997 cuando los marineros dieron a Rosas el empuje suficiente para que no llevara a cabo su intención de dimitir, este año su decisión fue inamovible e irrevocable. Considera que durante su gestión al frente del pósito, la cofradía se ha convertido en «una de las punteras de la ría». Se marcha como quería: «Con la bandera ondeando en la parte más alta del mástil», en lugar de «a media asta y rota».