En directo | Transacción en la calle de La Oliva La proliferación de ambulantes marroquíes ha provocado la implantación de una de las costumbres comerciales más populares y extendidas por los países árabes: el regateo
23 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Lo localizo en la plaza de San José. Es joven, apenas poco más de veinte años y no hay nada en su ropa que llame la atención. Bajo el brazo lleva una caja en la que se puede observar que se trata de un objeto de los que se enmarcan en las nuevas tecnologías y colgada del cuello, una bandolera. Está tranquilo y eso que no deja pasar la ocasión de acercarse a un viandante con pinta de turista, susurrarle unas palabras al oído y apartarse sin modificar el semblante ante el rechazo de su interlocutor. Así, pasan los minutos. El joven susurra una frase a la gente con la que se cruza y recibe una respuesta negativa. Se aparta y lo vuelve a intentar con otro individuo. Al cabo de unos minutos y ante los escasos resultados, cambia de emplazamiento. En la calle de La Oliva, en las proximidades de la plaza de A Peregrina, y después de varios intentos infructuosos, echa el ojo a un hombre de unos cincuenta años, todo un prototipo de turista: bermudas, pseudo camisa hawaiana, sandalias y cámara de fotos colgando. Pronto comienza el regateo. El comerciante pide seiscientos euros, aproximadamente el precio que tendría la videocámara de ser un producto original y tuviera operativa todas sus prestaciones. Al cliente le parece excesivo y ofrece veinte. La presencia, a escasos cien metros de un policía, parece no causar la menor impresión en el joven. La transacción continúa: el ambulante pide la mitad del precio real y el posible comprador no sube de cincuenta euros. Pasa el tiempo. En apenas un cuarto de hora, sellan el pacto. Ni pa' ti, ni pa' mi: cien euros y una cámara JVC cambian de manos en un abrir y cerrar de ojos. Posible solución El joven regresa por donde ha venido. En nuestro camino nos cruzamos con otro vendedor ambulante que está negociando, a las puertas de Correos, con un grupo de visitantes. Lo que no cuentan los vendedores es que su mercancía permite grabar unos minutos y luego comienza a dar problemas. Algunos usuarios han logrado solucionar tales deficiencias con una tarjeta de mayor memoria, ya que la que utilizan estos equipos es de 32 megabites. En otros casos, el ansiado objeto de última tecnología termina en el cubo de la basura más cercano.