Crónica | Concierto en la Merced La comunidad tiene nuevo embajador musical. Alejandro Sanz resucitó ayer en Cambados el fantasma del Prestige al son de su sentida «Sandy, a orilla do mundo»
02 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Adiós a los años de Un canto a Galicia, hei. A aquellos tiempos en los que cualquier galaico suspiraba porque Julito viniera con el «terra do meu pai» en los labios. La patria del lacón con grelos ya tiene quien le cante. Se llama Alejandro Sanz y el domingo demostró su poderío en Cambados. Cuando los acordes de su Sandy, a orilla do mundo dejaron de sonar, miles de gargantas corearon un espectacular Nunca Máis en el Campo de A Merced. No hizo falta que el andaluz dijese esta boca es mía: Galicia sabía que le estaba cantando a sus playas inundadas de chapapote. Con ojitos de niño bueno entró Sanz al escenario. En su cazadora vaquera se leía la palabra angel. Lo parecía. A pesar de la fama internacional, de la mansión, de su boda exótica, Sanz guarda ese encanto de chico tímido que encandilaba a quinceañeras con aquel Pisando Fuerte de los 90. Su look de chupa vaquera desgastada y camisa suelta recordaban a aquellos pósters de la Super Pop con su cuerpo serrano como protagonista del papel cuché. Ellas y ellos, porque que en Cambados también se contaban por cientos los cromosomas XY, los asistentes, perdieron años con su llegada. Minuto 42 de concierto y hace aparición «esa fuerza que te lleva, que te atrapa y que te enreda... es la fuerza del corazón». Se olvidan las incipientes canas, las barrigas pesan menos y el espíritu adolescente hacen que las palmas acompañen a cada canción Magestuoso, grandioso, esplendoroso y todos los osos que a uno puedan pasársele por la cabeza . Ai, el Corazón Partío que dejó sin voz a más de una que ya estará en su vida cotidiana.Y eso, como dice el cantante, No es lo mismo.