AÑO DE LA MÚSICA
04 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.HACE 25 AÑOS, cuando visité Uruguay y Argentina, en la capital bonaerense le pedí a un familiar que me facilitase algún disco de música típica de aquel país. Estos LP llevaban impresa en su carpeta la leyenda: «Disco es cultura». Por asociación de ideas, este eslogan vino a mi mente cuando, con la máxima atención y fervor, escuché el disco compacto de Faustino Santalices Gravacións Históricas de Zanfona (1927-1949), dado que su contenido, a través del estudio e interpretación, es auténtica cultura, es un legado artístico de lo más significativo, enxebre y auténtico como pocos, sin mestizar, sin incorporar instrumentos ajenos a la música tratada, como en nuestros días estamos acostumbrados a escuchar en grupos de tronío y que embolsan buenos euros por grabaciones que dicen poseer o creen interpretar el verdadero sentir de nuestra música gallega. En mi amplia discoteca dispongo de un LP de la firma Columbia conteniendo once temas interpretados por Faustino Santalices Pérez, acompañado de unas anotaciones que no tienen desperdicio, concluyendo éstas con una nota del propio intérprete que, por su alto significado, me permito transcribir. Dice así: «La zanfona. Son cinco cordas que cantan, / que suspiran, rin ou choran, / son a i-alma de Galicia / morriñenta e soñadora/. O seu compás os xoglares, / trovando en lingoa galaica, / fixeron do latín rudo/ a nosa española fala». Pues bien, estas grabaciones, a las que se unen cinco más del año 1927 y dos nuevas de 1949, conservadas con todo mimo y esmero por el hijo de Santalices (asimismo de nombre Faustino), han servido para que, de unos discos de pizarra de 78 r.p.m., con los procedimientos de ingeniería de sonido actuales, una vez digitalizados, llegasen a nuestras manos dieciocho temas que hacen bueno el eslogan que al principio me refería: Disco es cultura. Con la mayor dignidad y naturalidad, en este disco compacto se recoge algo del trabajo de «multitud de canciones populares en sus andanzas por las montañas gallegas, captándolas en sus primitivas cadencias y espontaneidad popular». La interpretación por parte de Santalices acompañándose a la zanfona o tocando la gaita, es verdaderamente ejemplar. Cabe destacar, también, el dúo de gaitas que forma con su gran amigo Modesto Sánchez y con acompañamiento de tamboril (tres temas) o con el acompañamiento de conchas a cargo de su hijo (dos temas). Los dos últimos cortes del disco, Marcha procesional (século XVI) y Antiga alborada popular, están interpretados solamente a la zanfona y son de una gran belleza. Por no hacer prolija su enumeración, finalmente destacaré las versiones para voz con acompañamiento de zanfona siguientes: el impresionante Romance de Don Gaiferos, las originales interpretaciones de Camiña Don Sancho y Lonxe da terriña (alejada de las versiones románticas al uso), así como las bonitas cadencias en las modulaciones del Alalá de Padrón (Como chove miudiño). Las grabaciones están muy bien conseguidas, sin ruidos de fondo o soplidos. ¡Bendita la técnica, en este sentido! En su forma de cantar, Santalices recoge el estilo de los antiguos romanceros ciegos, algo que bien podemos recordar los que peinamos auténticas canas, con algunos giros de modélicos mordentes. Su música es pura autenticidad. Al cantar, frasea muy bien; pese a que en las grabaciones de 1949 tenía casi 73 años. Instrumentalmente: excelente con la gaita y de acusado virtuosismo en el manejo de la zanfona, derrochando sensibilidad. En definitiva, este compacto enxebre de Faustino Santalices, es un disco muy digno y altamente aconsejable para todos los gallegos de pro o para aquellos que sientan lo autóctono de nuestra querida tierra.