Entrevista | Eduardo Torres Dulce El colaborador de José Luis Garci en «Qué grande es el cine» y amigo del nuevo fiscal general del Estado disertó ayer sobre los valores docentes de las obras cinematográficas
26 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La cita fue en el Café Moderno de Pontevedra, donde a última hora de la tarde de ayer iba a ofrecer una conferencia sobre Valores educativos del cine. Panorama cinematográfico actual. El fiscal del Tribunal Supremo Eduardo Torres Dulce sólo puso una condición a la hora de afrontar la entrevista: «No me pregunte de política». Sin embargo, accedió a valorar el reciente nombramiento del coruñés Cándido Conde-Pumpido como nuevo fiscal general del Estado. -Me parece que es un magnífico magistrado y un buen amigo. Le deseo todo lo mejor y que le permitan el nivel de autonomía suficiente para que pueda cumplir las finalidades que la Constitución le atribuyen al ministerio fiscal. -En los últimos días, se habla de crear una ley de excepción cultural. -Creo que el cine español tiene un defecto importante y que cada vez que entra un nuevo Gobierno se vuelve a repetir la misma historia. El debate siempre se refiere a las subvenciones. Andamos haciendo las cosas a medias y hay que reflexionar si el cine es industria o es cultura, o es las dos cosas. Si es lo primero, entonces hay que pensar si merece ser protegida, mientras que si es una forma cultural... también se da dinero para operas y museos. -Al hablar de subvenciones, siempre se recurre al ejemplo francés. -Es el único europeo con base industrial importante. Además, al público francés le gustan sus películas y van a verlas por que el Estado, a través de la excepción cultural, da dinero y protección a esa formar de cultura. Es peligroso si el cine sólo funciona en atención a las subvenciones sin riesgo industrial, sin que la gente arriesgue su dinero. Este es uno de los males del cine español. -¿Sería aplicable el modelo francés? -El cine español tiene que hacer autocrítica. Se ha producido un divorcio entre los gustos de la gente y lo que se propone en las películas. Eso es innegable. Cuando hay una obra que gusta al público, el taquillaje es inmenso. Estoy hablando de Los otros, Mortadelo y Filemón... -O Torrente... -Bueno. Son películas mejores o peores, detestables o amables, pero entroncan con el cine español. Hay que hacer todo tipo de películas para que la gente vuelva a creer en el cine español.