La subasta más dulce de Galicia

PONTEVEDRA

MARCOS MÍGUEZ

En directo | Festa da Rosquilla En Abades no se subastan pisos embargados ni lienzos de Van Gogh. En la parroquia silledense se puja por tentadores «bolos» de rosquillas. Ayer llegaron a agarse 300 euros

11 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

En Abades (Silleda) cada domingo de Pascua es una dulce pesadilla. Los mejores reposteros de la comarca cocinan tentadores «bolos» de rosquillas y los visitantes más golosos pujan en euros por los rascacielos de azúcar. La tradición manda y la subasta gana adeptos a cada nueva edición. Ayer se celebró la décimo octava. El público festejó la mayoría de edad del certamen batiendo todos los récords anteriores. La cifra media ofrecida por cada castillo de rosquillas se elevó hasta los 60,7 euros y la cesta mejor pagada alcanzó los 300. El lote había sido elaborado por Casa Antonio Rodríguez, de Negreiros, y reunía doscientas apetitosas rosquillas que se pagaron al precio de los mejores bombones de importación. A un euro y medio cada una les salieron las rosquillas a los adjudicatarios del disputado lote. En total, la organización subastó 43 «bolos» con los que recaudó 2.610 euros para financiar las fiestas locales. Muchos lotes se quedaron en la parroquia y acabaron convertidos en el postre de los almuerzos familiares que celebraron ayer los vecinos de Abades. Sin embargo, otros de los «bolos» subastados viajarán aún hasta el País Vasco o hasta Francia antes de terminar sus días endulzando paladares. En el concurso de repostería, una veintena de profesionales y aficionados se disputaron el título al mejor rosquillero. El jurado -integrado por María Luisa Lamas, Luisa Matos y Francisco Gómez- concedió el reconocimiento a Carmen Dopazo, de Abades. El segundo premio fue para la comisión de fiestas de San Tirso de Manduas y el tercero para Casa Ayude, de Bandeira, que ya atesora un buen puñado de premios. Otros dos lotes de rosquillas recibieron un reconocimiento especial por su originalidad. Fueron un «bolo» alegórico con forma de paloma de la paz elaborado por las rosquilleiras de Cira y otro de rosquillas chocolateadas formando un lazo negro confeccionado por Casa Carballo, de Lamela. La fiesta fue un éxito rotundo y los visitantes acabaron con todas las existencias de rosquillas que la organización puso a la venta. No quedó ni una para muestra.