«A que se nos vén encima»

La Voz CH.????C.????/????E.???L.???/???M.????S.????F.????/????M.????E.????I. PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

KIKO DA SILVA

Crónica | La noche de las sorpresas en los partidos en Pontevedra En la euforia contenida de los socialistas no faltó cierta sensación de vértigo mientras muchos populares no pudieron culminar con una fiesta el viaje a Madrid del domingo

15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

«A que se nos ven encima», comentaba un dirigente socialista en el Hotel Galicia Palace el domingo por la noche. Pasaban sólo unos minutos de las diez de la noche electoral y Pepe Blanco, el secretario de Organización del PSOE, acababa de anunciar en Madrid la victoria de los socialistas. La comparecencia de Ferraz tuvo su réplica local en el cuartel general de unos socialistas que lanzaban sus dardos contra Urdaci: «¡Te queda un telediario!». «Co oitenta por cento dos votos escrutados estamos en condicións de asegurar que o PSOE logrou xa o terceiro deputado por Pontevedra», dijo el coordinador provincial, Modesto Pose, entre los aplausos de la militancia y con el polémico periodista todavía en pantalla a sus espaldas. «Tabuyo, debíasme estar chamándome ti a min para darme un abrazo», le decía luego por teléfono Pose al número tres de la lista socialista al Congreso. Luego, la confirmación de que las cosas habían cambiado mucho más de lo esperado. La sede socialista era una mezcla de emociones. Los más jóvenes pedían permiso para salir a celebrarlo por la calle con banderas acompañadas de sonido de claxon «como en el 82», decía uno con cara de haber nacido en el año en que Felipe convenció con un mitin en Gijón a Zapatero para que se afiliase. Otros militantes veteranos no podían contener las lágrimas mientras comentaban que se acordaban mucho «de los que ya no están». Pero todas las ansias de celebrarlo en la calle, los chistes de Urdaci y los gritos de emoción se interrumpieron con el silencio escrupuloso durante el minuto que Rodríguez Zapatero pidió para las víctimas de los atentados antes de presentarse como el ganador. Los sesenta segundos de duelo se cumplieron también en la sede de los populares. Pero una combinación de despiste y mala suerte provocó que se interrumpiesen. «¡Uy!, pero que silencio hay aquí, ¿no?», espetó alguien al entrar en la sala en la que Rafael Louzán y Dolores Pan seguían la evolución de los resultados. Después de las explicaciones pertinentes, el minuto de silencio se cumplió. Pero la sede provincial del Partido Popular de la avenida Reina Victoria no estaba para fiestas. Pocas caras conocidas se dejaron ver en un salón en el que sobraron los pinchos preparados para otros resultados electorales. Ya se lo temía media hora antes del cierre de los colegios el ex concejal popular José Acuña Sastre. «Yo llevo muchos años en la cocina y esto ya me huele muy mal», dijo mientras se dirigía a la sede pontevedresa a seguir unos resultados que otros quisieron conocer en primera línea nacional. La ministra de Sanidad, Ana Pastor, y la conselleira de Familia, Pilar Rojo, hacía horas que habían tomado un avión para arropar a Mariano Rajoy en la calle Génova, en cuyo gobierno las colocaban la mayoría de las quinielas. Rojo se mostraba prudente horas antes de conocer los resultados: «No pienso para nada en lo que pueda deparar el futuro, la vida me acostumbró a vivir al día», dijo. Y Louro, de cumpleaños La noche que cambió carreras abre ahora interrogantes acerca del futuro ya no de las ministrables pontevedresas, sino del efecto dominó que causa el cambio en Madrid en los tentáculos adminisrtrativos que la capital de España tiene en cada provincia. Mientras no quedaba ya ni un alma en la sede del PP, Antón Louro aterrizaba en un cuartel de los socialistas lleno a reventar. Pasaba de la una de la madrugada y su teléfono sonó. Era su hija. Quería felicitarlo (¡por su cumpleaños! no por el resultado). Se corrió la voz y hubo celebración con canción incluida. Las palabras familiares debieron inspirar al socialista, que se arrancó: «Para alcanzar as cousas hai que soñalas; soñamos o Goberno de España e recuperámolo; soñamos a alcaldía de Pontevedra, e vámola alcalzar; soñamos o Goberno de Galicia e vámolo alcanzar». Lo de la alcaldía no llegó a oídos de lo nacionalistas, que daban horas antes por bueno el resultado. «Salvamos os mobles», decía Guillerme Vázquez en una celebración de baja intensidad. Ni los chascarrillos acerca de la derrota de Rajoy parecían levantar los ánimos de la veintena de militantes que a primera hora contemplaban con pavor cómo el escrutinio los dejaba sin representación en la provincia. «E puido pasar perfectamente», aventuraba el diputado saliente.