CRÍTICA | O |
09 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Dentro de la variedad que imprime en su programación la Obra Sociocultural de Caixanova, hemos asistido a un notable y original espectáculo a cargo del grupo Nova Galega de Danza, con su puesta en escena de Alento. Desde esta columna ofrecemos nuestro "aliento" a este interesante y reducido grupo -12 artistas entre músicos y danzantes- a proseguir en su encomiable trabajo de ofrecer música y danza desde otra perspectiva, desde otro enfoque a las costumbres al uso, algo en la línea de lo indicado por Jesús Bal y Gay en su tratado e iniciado años después por el Ballet Gallego Rey de Viana, pero con visos más modernistas. ¡Ánimo y adelante!: ese es el buen camino. El espectáculo estuvo dividido en dos partes. La primera integrada por los números: Sinerxia (el nacimiento, el encuentro y la fusión), Entre a terra e o mar (el canto a los paisajes del corazón), Alento (el ritmo de la vida), Anguría (soledad) y Herdanza (el idioma de la música y la danza de Galicia). La segunda parte estuvo conformada por los títulos: Dúas cores (dos sonidos), Branco (jota de la libertad), Alalá (la voz de la esperanza), Soán (la fuerza del viento del amanecer), Dous (el número de la pasión), Bater (¿qué fue primero, el ritmo o la danza?) y finalmente Epílogo (el fin). Todo ello bajo el nuevo enfoque coreográfico debido a sus componentes Vicente Colomer y Jaime P. Díaz que, junto a Alba F. Facal, Ruth Cordero, Pastor Rodríguez y Lilianne Frías, componían el sexteto de danza. Si a esto añadimos la música original de Xosé Lois Romero y Pedro Lamas, a su vez componentes del sexteto vocal-instrumental, completado por Xabier Díaz, Dani Sisto, Xabier Cedrón y Melo Suárez, el resultado dio lugar a una música y danza diferente, original, acrobática, fresca, renovadora... que ha constituido un espectáculo muy digno, en el que han alternado la música original con base culta y la popular y la danza entre clásica y tradicional; música y danza dándose la mano en una importante vertiente de modernidad. Austeridad en la puesta en escena (decoración, vestuario...) y sin excesivo volumen sonoro (agradable), usando la luminotecnia lo imprescindible, es decir: resaltando siempre a los destacados artistas (músicos o cuerpo de danza), todo lo cual dio como resultado un espectáculo enmarcado en la sencillez y el buen gusto, amparado en la calidad.