¡«Quillo», qué arte!

M. C. / M. E. PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

En directo | «Poeta en Nueva York» El Pazo se pone en pie para palmear la actuación del bailador Rafael Amargo, que arrasó sobre el escenario junto a su padre Florentino y su mujer Yolanda Jiménez

28 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

?icen que Rafael Amargo no suele bajar del escenario para saludar al público. Que jamás coge un microfóno para dirigirse a los espectadores. Pero en su primera actuación en el «norte», como él mismo apuntó, artista y público se contagiaron hasta tal punto del duende del flamenco que el auditorio al completo se puso varias veces en pie para reconocer el arte del artista granadino y de su magnífica compañía, mientras éstos mostraban su cariño y agradecimiento. «Estábamos un poco nerviosos -confesó el bailaor- porque llevamos cuatro meses sin representar este espectáculo. Y porque venir al norte siempre impone... Pero a veces, los nervios también ayudan». El nervio, el arte... Llámenle como quieran. Pero Poeta en Nueva York arrasó desde los primeros minutos. ¿Cuántas veces han visto palmear al unísono al público del Pazo da Cultura en pleno? Eso sí que es un pleno y no los del Principal... El Quillo Amargo no tuvo reparos en alargar al máximo alguna de sus intervenciones, en especial el número En la cabaña del farmer, que hace referencia a la estancia de Lorca en una granja en Estados Unidos. En él se fusionan sin tapujos el baile flamenco con los giros de la muiñeira y los ritmos de la música tradicional gallega de Berrogüetto y Carlos Núñez. «Igual que el poeta, cuando estuvo en Vermont, recordó la verde Galicia, nosotros también teníamos que hacerle un guiño», dijo Amargo. Con tanta empatía hacia los «pontevedranos», el bailaor se sintió como en familia. Y sin duda, a ello contribuyó la imponente presencia de su mujer, la bailarina Yolanda Jiménez, y de su padre, Florentino, sobre el escenario. Este último demostró también que la veteranía es un grado en el número que cerró su espectáculo, inspirado en la llegada de Lorca a La Habana. ¡Olé!