Reportaje | Sexta operación internacional en la que participa la Brilat de Pontevedra Ninguno de los otros operativos en los que ha colaborado la brigada aerotransportable ha levantando tanta controversia como el abordado en los últimos meses en Irak
29 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?ste mes de diciembre, la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable (Brilat) Galicia VII de Pontevedra concluyó su sexta misión internacional. A diferencia de las otras cinco -llevadas a cabo en Los Balcanes-, la realizada en Irak ha estado marcada por una intensa controversia social. A finales de julio y principios de agosto, el contingente militar gallego se desplazó a Kuwait, donde se aclimató a las altas temperaturas con las que tendrían que convivir a los largo de los cuatro meses siguientes. En total, la Brilat desplegó por territorio iraquí a 342 militares -51 oficiales, 77 suboficiales y 214 soldados-, que a principios de septiembre relevaron oficialmente al contingente estadounidense asentado en Diwaniya. Al frente del Estado Mayor fue situado el general Alfredo Cardona Torres. En su momento, la decisión fue muy cuestionada desde determinados sectores militares al considerar que las tropas debían ser dirigidas por su mando natural: Vicente Díaz de Villegas, general jefe de la Brilat, quien fue destinado a Tampa (Florida) como jefe del equipo de enlace entre el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor de Defensa español, y el mando central de los Estados Unidos para Irak. Comenzaba la que fue considerada por muchos la misión más complicada y peligrosa que ha tenido que afrontar la brigada pontevedresa. Por si fuera poco, por primera vez en su historia, la brigada Galicia VII encabezaba el dispositivo militar internacional desplazado a un país extranjero. Arena e insectos En la Base España de Diwaniya, pronto se empezaron a notar las primeras incomodidades. Los insectos atosigaban sin tregua a los soldados; tormentas de arena sumían a los militares en una semioscuridad que llegaba a parecer eterna; y el calor, un calor intenso, agotador y culpable de un buen número de desmayos en el global de las fuerzas internacionales trasladas a Irak. Además, y frente a la versión dada por algunos políticos y mandos militares, la estancia en el país árabe no fue tan confortable como la llegaron a pintar en algunos momentos. Los iraquíes, en gran medida, recibieron esperanzados al contingente gallego, pero también hubo muchos que no compartían esta visión y no dudaban en pasar el dedo índice de su mano por el cuello en clara actitud amenazante cada vez que se cruzaban con un convoy militar. Fueron cinco meses en tensión casi permanente, según reconocieron varios participantes. Donde salir de patrulla era asistir -día sí, día no- a una sucesión casi continua de disparos al aire, aunque, en ocasiones, los tiros parecían dirigirse hacia los vehículos militares. No es de extrañar, por tanto, que las familias recibieran el retorno de los soldados gallegos como el mejor regalo de Navidad, eso sí, con algunas semanas de antelación.