PLAZA PÚBLICA
07 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.DE todas las imágenes -arquitectura, bicicletas, canales...- que ofrece Amsterdam, es imposible que el visitante no repare en el pipimán. O sea, algo así como el pipicán pontevedrés, pero para humanos. Ya sé que urinarios públicos los hay en todas partes -¿también en Pontevedra?-, pero éste tenía una particularidad. Situado en pleno centro de la bulliciosa plaza Leidseplein (pónganle el Campillo de Santa María o la calle Charino), el aparato en cuestión deja a la vista las espaldas de cuatro individuos que no tienen reparos en hacer sus necesidades menores a los ojos de sus vecinos. Impactante. Es inevitable pensar en si una medida como esta tendría igual éxito en nuestra ciudad. Desde luego, parece una opción viable -si no se opta por alternativas más vanguardistas y menos machistas, que las hay- para que los escenarios del botellón y los vecinos de la zona se ahorren uno de los aspectos más desagradables de la movida. Sólo uno, pero por algo se empieza.