En directo | Una iniciativa transfronteriza Más de una decena de pacientes portugueses se operan cada día en el hospital Miguel Domínguez, de Pontevedra, enviados a Galicia por la sanidad de su país
25 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.«Algo estraño si que é», concede Humberto Jorge Pereira, con la pierna en alto, recién salido de una operación de varices. Él es uno de los quince portugueses que cada día envía la sanidad lusa para que sean atendidos en el hospital pontevedrés Miguel Domínguez. Y, aunque le parece un poco raro viajar hora y media desde Viana do Castelo, donde vive, para que su problema se solucione en Galicia, en el país vecino, el trayecto, dice, ha valido la pena. «En Portugal levaba dous anos de demora», explica su compañera, Mónica. Junto a ella, en la misma habitación, está Fátima, de Ponte de Lima. Aguarda la salida del quirófano de João Manuel, operado por un problema de tendones en una muñeca: «Levabamos esperando catro anos e medio -explica-, e nese tempo o problema que tiña no pulso agravouse. Esta foi a mellor solución». «Apuesta valiente» «Es una apuesta valiente de la administración sanitaria portuguesa», destaca Germán González Pazó, director asistencial del Domínguez, un centro de gestión privada, pero concertado con el Servicio Galego de Saúde (Sergas). El hospital recibe cada día, desde el pasado lunes, a unos quince pacientes del norte de Portugal, atascados en las listas de espera de su país. En Galicia pasan por las áreas de cirugía vascular y general, traumatología ortopédica, otorrinolaringología y urología. Los médicos gallegos los operan y los vuelven a recibir para hacer las revisiones necesarias hasta que llega el alta definitiva. El Domínguez pontevedrés y el Fátima, de Vigo, son los dos hospitales gallegos que tienen concierto con el país vecino. Los visitantes son trasladados desde sus localidades de origen a Pontevedra en autobús -el primer día el conductor tuvo ciertos problemas en el centro urbano, peatonalizado en su práctica totalidad-, y vienen muchas veces con más de un acompañante. Su presencia en el hospital se nota, y también en los comercios cercanos: los familiares se hospedan en un hotel próximo, y alguna enfermera asegura que ya ha visto menús escritos en portugués en los restaurantes de los alrededores. Un idioma muy vivo Lo que no hay son problemas de comunicación. El gallego, prematuramente enterrado por algunos, se convierte en una herramienta viva y muy útil para enfermos y enfermeras. «Tienen una traductora, sobre todo para que estén tranquilos, pero no suelen necesitarla», explica González Pazó. Los pacientes concuerdan: «O galego enténdese perfectamente, ainda que vostedes falan por veces un pouco rápido».